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Las placas en Cuba reflejan el estatus de la gente

EL SOCIALISMO CUBANO se ve reflejado en el control del Gobierno sobre los carros que ruedan en el país. Por eso, los oriundos de la isla dicen que sólo con mirar una placa de un carro se puede saber el poder económico.

12 de marzo de 2010
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Felipe Saldarriaga, de Medellín e ingeniero de producción, prepara su viaje 13 a Cuba. Visita la isla cada tres meses por motivos laborales.

Desde Colombia reserva un carro, que utiliza en la ciudad de Holguín, durante cuatro días. Le cuesta, de acuerdo con la temporada, entre 300 y 400 dólares.

Antes de llegar a esta ciudad, algunas diligencias las hace en La Habana. Para esto utiliza el servicio de taxi que, según cuenta, es perfecto, con modernos carros, conductores amables y abundancia de vehículos.

En Holguín lo espera su vehículo, siempre moderno y de 'chapa' vinotinto -como se le conoce a las placas en la isla- que comienza por la letra T, de turista. Por eso es que los mismos cubanos dicen que el estatus en Cuba lo mide la chapa.

Así como al turista lo identifica este detalle, el oriundo de la isla, el funcionario y el diplomático también saltan a la vista por la placa del carro en el que se movilizan.

Una gama de colores, algunos de ellos con una letra específica, le muestra a la gente quién va en un carro.

Respecto a los cubanos, cuenta que no pueden ni alquilar carros ni tomar taxi.

Uno de estos le cuesta, entre el aeropuerto de La Habana y el hotel, 20 dólares, el sueldo promedio de un colega suyo en Cuba. Es decir, un servicio vetado para los isleños, quienes deben recurrir a los buses repletos de gente o a los cocotaxis, como se les conoce a las mototaxis allí.

Víctor Ramírez es cubano, vive en La Habana y dice que ni en sueños se podría comprar un carro. Y eso que es un profesional. Pero su sueldo, que no pasa de 25 dólares al mes, "a duras penas alcanza para una bicicleta".

"Y si me comprara uno, me podrían investigar porque se supone que no tengo con qué", comenta Víctor.

Y si llegara a comprar un carro, sería un "frankestein", como le dicen a los vehículos viejos en Cuba, que cuestan entre mil y 2 mil dólares, y que lo identifica una chapa amarilla, con las letras HA, si es de La Habana.

Uno gama alta puede costar entre 6 mil y 10 mil dólares, inalcanzables para obreros que sobreviven con 15 dólares al mes.

Concursan por ellos
Omar López es cubano, estudió economía en su país, pero vive en Estados Unidos hace 17 años. Huyó por la persecución política que, según él, sufría con el régimen de los Castro.

"Las placas HK son lo máximo, son para extranjeros", comenta López. Estas letras pueden ir en placas amarillas, para personas naturales extranjeras; o naranja, para personas jurídicas extranjeras.

López quien recuerda que el Gobierno, por ejemplo, otorga permiso a tres personas de un grupo de trabajo de siete, entonces todos compiten por ese derecho, lo que genera disputas y decepciones en los trabajos. "Son procesos tristes", agrega este disidente, quien nunca tuvo carro en su país.

La mayoría de los carros de Cuba son propiedad del Estado, que decide a quién se los entrega, normalmente sólo en horarios laborales, y en qué momento se los quita.

La esposa del embajador de Cuba en Bogotá y funcionaria, Anabel Rodríguez, comenta que "es un mito que la placa del carro indique el estatus en Cuba. Los colores y letras son para diferenciar a diplomáticos, funcionarios, prensa... y las letras simplemente muestran las provincias donde se mueven los vehículos".

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