Análisis
Jaime Alberto Arroyave
Profesor- Escuela de Ingeniería de Antioquia
Actualmente estamos presenciando crisis económica en Europa y Estados Unidos y diariamente conocemos causas de las mismas que coinciden en que el problema más grave es el déficit fiscal que enfrentan estas regiones y que las soluciones deben pasar por "reformas estructurales" donde el "estado de bienestar" es el principal tema de debate y controversias académicas pero sin lugar a dudas, la seguridad social se ha convertido en el punto más álgido de toda la discusión.
Es tan grave el problema de seguridad social a nivel mundial que en los últimos días muchos analistas han generado alertas pidiendo una revisión profunda al sistema pensional y de salud en Colombia. No es para menos, el sistema pensional público representa el 15% del presupuesto nacional, que nos costará para el 2011 alrededor de $23 billones y $25 billones en 2012. Para hacernos a una idea de la dimensión del crecimiento exponencial de la cifra, es más o menos lo que se puede esperar en recaudo de la reforma tributaria que se está planteando. Entre las causas de esta situación está el agotamiento de las reservas actuariales del ISS en 2004 y la inversión de la pirámide poblacional. Esta senda es similar a la que ha transitado Europa. En el tema de cobertura estamos muy mal. En el sistema Régimen de prima media y Régimen de ahorro individual, solo hay 9 millones 392 mil 992 afiliados, con el agravante de que solo 5 millones 386 mil 866 son cotizantes, de los 18 millones de trabajadores que tiene Colombia.
Esta es una muestra inequívoca del grado de informalidad del empleo en el país, de la pobre cultura pensional y del déficit fiscal que se puede estar activando en el futuro por cuenta de la desprotección de la mesada pensional de la población colombiana en edad adulta.
En salud tenemos avances notables en cobertura, un régimen subsidiado (Sisbén) que en una década afilió a más de 23 millones de personas y que le está costando al país entre el 3% y 4 % del PIB, con un crecimiento del gasto que no somos capaces de solventar en el futuro cercano. Un régimen contributivo que ha aumentado muy poco en afiliados y con menos personas que el subsidiado, 18 millones aproximadamente.
Y el sistema, con una problemática institucional como principal causa del deterioro en las finanzas de la salud.
Todas las crisis actuales nos han enseñado que si no actuamos a tiempo en estos temas "estructurales" es posible que entremos en ellas y la evidencia práctica nos ha enseñado sus macabras consecuencias.
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