HISTÓRICO
Legalización de la droga
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Yohir Akerman | Publicado el 21 de noviembre de 2011

El presidente Juan Manuel Santos está en lo correcto en varios puntos al hablar de la legalización. Primero. La guerra contra las drogas sigue fracasando, por eso es necesario buscar otras soluciones. Segundo. Esto no puede ser un debate únicamente de Colombia, ya que cualquier medida que se tome sobre esto tiene implicaciones regionales. Y tercero. Mientras se empiezan a delinear las pautas para descriminalizar, hay que seguir combatiendo a las organizaciones ilegales con la fortaleza y decisión con la que se ha venido haciendo.

Valiente y acertado.

El presidente Santos tiene el potencial de convertirse en el motor detrás de esta iniciativa, movilizando voces que ya han expresado su favoritismo a debatir esta propuesta como el presidente mexicano Felipe Calderón y una serie de líderes aglomerados en una comisión global impulsada por los exmandatarios César Gaviria, Fernando Cardoso y Ernesto Zedillo, además del exsecretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan.

Ahora bien, sin que Estados Unidos esté a bordo, esta propuesta es un saludo a la bandera. Y para la economía norteamericana la ecuación es diferente, ya que dentro de las finanzas estatales es más económico invertir en la lucha contra la producción, que en la prevención y el ataque al consumo. Es una cuestión de números.

La producción de la droga es una situación principalmente de América Latina, donde Estados Unidos invierte desde el rubro de la defensa. Para ellos es marginal presupuestalmente apoyar estas luchas en México, los países centroamericanos, Bolivia, Perú y Colombia, ya que sigue siendo un problema por fuera de su territorio. No muy lejano, siendo que el conflicto mexicano cada vez se les acerca más, pero sigue siendo una situación al otro lado de la frontera.

Por otro lado, el consumo, y por lo tanto la posibilidad de la legalización, es un tema de agenda interna norteamericana por ser los mayores compradores de drogas en el mundo. Una vez legalizado el consumo y regularizada la producción, si es que esto se logra, es para ellos un problema mucho más costoso en términos de inversión social. Lo mismo pasa con el cigarrillo.

Así, lo que Estados Unidos se está ahorrando en manejar la guerra contra las drogas como una pelea contra la producción (defensa y seguridad externa) y no contra el consumo (educación y tema de salud pública internos) les toca invertirlo a los países latinoamericanos en capital estatal y vida de los soldados para combatir a estos criminales encargados de proteger la producción de la droga (bacrim y las Farc en el caso de Colombia).

Desbalanceado.

La discusión es preliminar aún. Eso es cierto. Falta mucho tiempo para que se pueda asentar un debate tan complejo y con tantas aristas sociales en la región. Pero hay que empezar a madurar esta idea de manera acelerada explorando las soluciones con todos los países que este tema compromete y principalmente con Estados Unidos para que asuman su problema: el consumo. Mientras ellos sigan comprando, en los países de América Latina se seguirá produciendo, de manera legal o ilegal.

La legalización conviene. En seguridad: para quitarles ese monopolio a los criminales y reducir la violencia. Desde la economía: para poner estrictos controles estatales y con eso poder tributar los productos. Desde lo social: haciendo lo mismo que se hizo con el cigarrillo y el alcohol, donde se demostró que, una vez legalizado, el consumo a corto plazo se dispara, pero baja y se estabiliza en el mediano y largo plazo con controles sociales y por medio de inversión en la educación sobre las implicaciones negativas de estos productos.

La política prohibicionista fracasó.

Y como definió Albert Einstein, la locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados. Ya tenemos claras las consecuencias de esta estrategia y seguimos empleándola...