Con el rostro quemado por el sol y cierta esperanza en la mirada, miles de rebeldes llegaron ayer a Trípoli desde todos los rincones del país para despedir el Ramadán, con la vista puesta en el posible asalto de la ciudad oriental de Sirte, el último gran bastión de resistencia gadafista.
Las fuerzas libias se congregaron en las cercanías de esa ciudad ayer, esperando sellar su revolución con la captura de uno de los últimos bastiones de un líder caído pero aún peligroso.
Husein Abdel Homsi, miembro de uno de los clanes que habitan las secas montañas de Naflusa, señaló a Efe que "Libia será libre cuando acabe el Ramadán. Será el regalo de Ala a sus hijos por tanto sacrificio".
Y es que fuentes de los rebeldes en Trípoli aseguraron a Efe que el asalto a Sirte tendría lugar en los próximos días. Aunque no dijeron una fecha precisa, todo parece apuntar a que podría ocurrir hoy, una vez concluyan los dos días de asueto por el fin del mes de ayuno islámico.
"Primero debemos asegurar del todo Trípoli, y después lanzarnos contra los residuos de resistentes gadafistas. Tenemos hombres suficientes, pero es cierto que muchos de ellos necesitan mejor entrenamiento para una gran batalla", dijo Ahmad, quien solo se identifica como líder de un escuadrón rebelde.
Mientras las tropas se preparan sobre el terreno, la autoridad política trata de instalarse en la capital con la ayuda de la Otan.
Mustafa Abdel Jalil, presidente del CNT, pidió a l organismo multilateral que mantenga su campaña de ataques aéreos pues "Gadafi todavía es una amenaza, no sólo para los libios sino para todo el mundo".
Recuperar el orden en las ciudades y mantener el difícil equilibrio con los jefes militares, es quizá, en este momento, el mayor reto al que se enfrenta la cúpula política, junto a la necesidad de recuperar la rutina en las calles.
Alegría por la liberación
La electricidad y el agua siguen cortadas en numerosas partes de la capital, y son un lujo para la mayor parte de la población capitalina.
Grandes filas de coches se apiñan en las carreteras frente a las escasas gasolineras que permanecen abiertas, montones de basura se concentran y hiede en numerosas esquinas de Trípoli y su extrarradio.
Aún así, la inminencia de la fiesta del Aid hizo ayer que al caer la noche muchas tiendas se mantuvieran abiertas, con las pocas existencias que aún quedan en sus estanterías.
De momento, la alegría por la "liberación" y el fin del mes del ayuno, alimentaron las esperanzas de los tripolitanos, quienes celebrarán la jornada festiva junto con la mayoría de los países árabes por primera vez en más de cuarenta años.
"Lo más importante ahora es que podamos recuperar nuestro día a día, Gadafi es historia", apostilla Hama, una joven mujer ataviada con velo en una de las calles de la vieja medina tripolitana.
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