El se hace como si no mirara, pero Alejo sabe que su padre Néber no pierde detalle y ni un solo salto suyo en la piscina Olímpica César Zapata.
Por años, el epicentro acuático de los antioqueños ha sido el fortín de Néber, sus hijos y hasta la esposa que ha sido instructora de natación.
Todo en casa de los Arias se inició con el hoy sicólogo y técnico Andrés Felipe y ve más logros con la disciplina y la dedicación con Alejandro, quien el año pasado se colgó una medalla en el Mundial de Australia.
Los clavados en ellos son cosa de familia, pero la natación también tiene su gran espacio con lo que hace la cabeza del hogar, como quiera que el moreno y fornido Néber ha sido el seleccionador nacional de natación de carreras. Hace historia.
¿Y por qué uno en clavados y el otro en natación?
"Mi inicio fue en el Cifar, que hizo semillero en la natación antioqueña. Allí me orientaron, me fue bien en natación y después fui a dar a los clavados. En ellos me siento feliz", cuenta de lo más animado Alejandro, quien heredó la fortaleza del papá, el forjador de Carolina Colorado y de Jorge Mario Trucha Murillo, entre otros.
A medida que Alejo fue creciendo, tanto Néber como Dora Luz vieron que el hijo tomaba vuelo como saltador, al punto de concentrarlo, para que dedicara el tiempo necesario y siguiera el camino de los saltadores de verdad-verdad.
Alejandro sólo va al colegio Ferrini los sábados y el resto de la semana lo dedica a entrenar y entrenar en el foso de clavados. Siempre, así sea a la distancia de su padre, quien lo sigue con la mirada, muchas veces sin que el muchacho se dé cuenta. Ojo pelao.
Wilson Molina es quien lleva el peso técnico del saltador de 15 años, quien ha dedicado once de su fructífera vida, en el empeño de formarse como una figura de los clavados de Suramérica.
"Yo sé que Alejandro está en excelentes manos. No intervengo en lo técnico, porque quien sabe del tema es Wilson", es la apreciación del consagrado entrenador. Esta semana respiró profundo con la primera medalla del hijo, al imponerse en la competencia del trampolín sincronizado.
Néber y su esposa Dora Luz Muñoz tomaron la determinación de centrar a Alejandro alrededor de los clavados, porque vieron en el muchacho las cualidades de un campeón para la vida y para el deporte.
"Yo sé que a Alejandro le tocará duro para llegar a los Olímpicos de Río-2016. Sabemos que el camino será complejo, pero tenemos la claridad de que todo esto es posible, porque Alejandro es disciplinado, posee notables condiciones y ha mostrado entrega", destaca Néber.
La semilla que sembraron los Arias-Muñoz cayó en terreno abonado. Alejandro ha entregado los primeros resultados internacionales y su proyección muestra datos concretos dentro del proceso de formación que cumple el saltador paisa.
El joven siempre se ve dispuesto. Una lesión en la muñeca izquierda lo ha molestado en los últimos meses, pero tiene tal determinación, que el tema no es problema para competir al más alto nivel como lo hace hoy.
"Los clavados son lo mío. Cuando tengo a mi padre al lado me siento cómodo. Es normal que a veces sienta algo de presión, pero entre ambos hay una estupenda relación de ayuda que me ha servido mucho en mi carrera deportiva".
Alejandro cuenta de lo bien que se siente al lado del papá durante varias horas al día. Cada quien se dedica a lo suyo, porque Néber está a pocos metros del foso de clavados, pero presto a atender a los nadadores del club Huracanes y algunos de los miembros del seleccionado de Antioquia y otros pocos que entrenan duro para el Mundial que se cumplirá este año en Barcelona.
Cuando se les pregunta si sienten algo de incomodidad por convivir tan cercanos durante todo el día, ambos son ríen de forma picaresca y Néber dice socarronamente: "yo soy, incluso, el encargado de conseguirle las novias", asegura el técnico, quien insiste que él mantiene tallado a Alejandro, todo en procura de una excelsa formación.
"La decisión que se tomó en mi casa, en compañía de mi esposa, de llevar a Alejandro a un colegio para atletas, es porque tenemos claro que el deporte es la solución para que los muchachos se formen de la mejor manera y poderlos tener ocupados dentro de ese proceso de familia y sociedad".
Eso que sostiene Néber se ve en varios hogares de deportistas de la Liga de Natación de Antioquia, donde se construye tejido social alrededor del deporte.
Y en el caso de Alejandro, el saltador de talla, y Néber, lo mejor que pudo suceder es que los dos formaran una poderosa llave que se fortalece por medio del agua y que se hace competitiva en los clavados y en la natación.
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