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LOS LABORISTAS Y LOS TALIBANES CRITICAN AL PRÍNCIPE ENRIQUE

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24 de enero de 2013
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Los talibanes y la oposición política británica han coincidido en criticar la frivolidad y el tono desenfadado de las declaraciones del príncipe Enrique, tercero en la línea de sucesión, al hablar de que ha "disparado y matado" enemigos en Afganistán sin dar mayor importancia a la cosa, y atribuyendo su buena puntería a la práctica jugando a la PlayStation.

"Sin duda es un chico joven y valiente, pero probablemente ha hablado con mayor claridad de lo que el Palacio de Buckingham habría deseado", comentó Jim Murphy, responsable de Defensa del Partido Laborista.

Enrique, que está en Chipre en fase de descompresión después de un turno de servicio de cuatro meses y medio en Afganistán, no sólo ha disparado contra los combatientes afganos, sino también contra la prensa del Reino Unido, a la que tiene como blanco desde la muerte de su madre, la princesa Diana, en un accidente de coche cuando era perseguida por los paparazzi.

En unas declaraciones que han dado la vuelta al mundo, el segundo hijo del príncipe Carlos no oculta su enorme desdén por el cuarto poder.

"Mi padre -dice- no cesa de recomendarme que no lea los artículos porque son siempre basura, pero no puedo evitarlo. Y lo único que consigo es enfadarme por la manera en que la prensa pueda escribir las cosas que escribe, sobre mí y sobre cualquiera, sin que pase absolutamente nada".

El capitán Enrique Gales -su nombre en el ejército- ha admitido que "a veces" se comporta "demasiado como un soldado y demasiado poco como un príncipe", pero considera que la publicación de las fotos en las que aparecía desnudo en un hotel de Las Vegas jugando al billar con un grupo de chicas fue "inapropiada y una invasión de su privacidad".

La Casa de los Windsor ha tomado últimamente una actitud muy dura en este tipo de intromisiones, demandando a una revista que sacó imágenes (obtenidas con un teleobjetivo) de la princesa Catalina en topless durante unas vacaciones en Francia.

La primera misión de Enrique en Afganistán, a finales de 2007, terminó precipitadamente cuando una publicación australiana rompió por error el embargo existente y divulgó el secreto de que se encontraba en el país asiático con fuerzas de la OTAN.

La explicación del Ministerio de Defensa fue que, tratándose de un blanco prioritario de los talibanes, la continuación de su presencia habría puesto en peligro las vidas de sus compañeros de escuadrón. Esta vez la casa real ha cambiado de táctica y colaborado con la prensa para evitar una situación parecida.

El trato ha consistido en que los medios tuvieran conocimiento de dónde estaba y lo que hacía, e incluso tres cadenas de televisión y la agencia de noticias Associated Press pudieran entrevistarlo, con la condición de que se guardasen la información hasta que se hubiera marchado de Afganistán.

El plan era mejorar la imagen de un príncipe díscolo al que los tabloides se refieren en ocasiones como Harry el sucio por sus indiscreciones.

Está por ver si la estrategia da el resultado apetecido o el tiro va a salir por la culata.

Un miembro del Parlamento afgano ha comentado que las declaraciones "van a acelerar la retirada de las tropas internacionales", al tiempo que un portavoz de los talibanes, entrando en el juego de las relaciones públicas, denunciaba "la frivolidad de comparar una guerra en la que muere gente con la PlayStation".

La coalición Stop the War, que movilizó a dos millones de personas contra la invasión de Iraq, también considera improcedente la manera en que Enrique ha trivializado el hecho de disparar y matar.

"En el ejército, manejando las armas de los helicópteros Chinook, es donde me siento como en casa, donde puedo olvidarme de quién soy y sentirme normal", afirma un príncipe que tal vez querría no serlo.

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