La palabra herencia me sumerge en una novela policíaca: la tía Nuncavisitada, en su lecho de muerte, rodeada por sobrinos malvados, buitres a la espera del fatal desenlace.
Pero toda herencia no requiere un muerto. Heredamos de los hermanos, primos, amigos y vecinos. Es más, a veces, recibimos herencias (materiales, genéticas) que ni queremos.
Medellín es prueba de ello.
Además de cadáveres abandonados en potreros, el suplicio de ser sospechosos por el color del pasaporte y etcétera, etcétera; de los mafiosos heredamos una serie de ideas que ya echaron raíces, tronco y ramas: la grandeza del hombre es proporcional al tamaño de su carro, y la de la mujer se mide por su habilidad para satisfacer el ojo del "macho", para dejarse moldear por él. Por eso algunos cirujanos plásticos se han convertido en firmas sobre la piel exhibidas en el Museo de la Vanidad, donde las Botero y las Rubens carecen de valor en el "mercado".
Construimos decenas de edificios empapelados de letreros "alquila" y "vende", que no son más que perfectas lápidas para árboles talados y pajaritos sin nido.
El modus vivendi del traqueto nos señaló que el consumismo, gastar plata, es la única opción de vida. No falta el que, con la boca llena, afirma que este reguero de centros comerciales es "síntoma de progreso" (como las abuelas que asociaban la gordura con buena salud: "está repuestica, mija").
Medellín se transformó en un pseudo-Miami, en una billetera: vacía para muchos, pero qué carajos? ¡que no se note la miseria!
Esa es nuestra teatralidad.
El dramaturgo Antonin Artaud definía la teatralidad como: "? todo lo específicamente teatral, es decir, todo aquello que no obedece a la expresión de la palabra, o si se quiere todo aquello que no cabe en el diálogo".
Roland Barthes diría: "Es el teatro sin el texto, es un espesor de signos y sensaciones que se edifica en la escena a partir del argumento escrito, esa especie de percepción ecuménica (universal) de los artificios sensuales, gestos, tonos, distancias, sustancias, luces, que sumerge el texto bajo la plenitud de su lenguaje exterior".
Es probable que, inocentemente (o no tanto), todos carguemos algo de esa herencia. No obstante, tras bambalinas, Medellín vive una teatralidad desde el espíritu, que no niega la puesta en escena de barbarie que ha recibido sino que trata de sublimarla: reconoce en el arte una redención posible.
Algo (o mucho, ojalá) de poesía habremos heredado de Carrasquilla, Débora Arango, Barba Jacob, Francisco Antonio Cano?
Hasta el 4 de septiembre, somos anfitriones de la VI Fiesta de las Artes Escénicas: once grupos nacionales y cinco internacionales se presentan en diecinueve salas de la ciudad. (Programación en www.medellinenescena.com).
La Medellín que palpita tras bambalinas está sobre las tablas.
"Del teatro no quedan sino las fotos y los afiches", pensaría en voz alta el director Sandro Romero Rey. ¡Vamos a teatro!
As bajo la manga: Hoy, leamos Zoro con nuestros niños como acción de gracias al escritor Jairo Aníbal Niño.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8