Cinco días de provocación y disfrute de los mejores hoteles y restaurantes de Buenos Aires y Mendoza, son suficientes para entender por qué, cada año, 500 mil colombianos se dejan seducir por Argentina como destino turístico.
La fama de Buenos Aires es bien ganada. Que franceses, italianos, españoles y alemanes se sientan como en casa no es algo casual, pues sus amplias avenidas, bares, monumentos y edificaciones tienen un acento muy europeo.
Una de las máximas expresiones del lujo en la capital es el Alvear Palace Hotel, en el que se han alojado personajes como el Príncipe Carlos de Inglaterra, Walt Disney, Michael Schumacher y los Reyes de España. Con sus 91 habitaciones y 100 suites es uno de los 10 mejores hoteles del mundo. Un cuarto Palace, de 24 metros cuadrados, vale por noche 800 dólares, y un Royal, de 176 metros cuadrados, cuesta 8.000 dólares. Hospedarse allí es como estar en un apartamento parisino, con muebles Imperio y Luis XVI, artículos de tocador de Hermés, sábanas egipcias, baños con hidromasajes y el servicio de un mayordomo por cada uno de sus 11 pisos.
Si su intención es codearse con artistas y personalidades del gran Buenos Aires, una opción es el té que se sirve a las 5:00 p.m., a un costo por persona de 50 dólares. En el Alvear lo clásico convive en armonía con elementos tan modernos, como un gimnasio dotado con el sistema Kinesis, que es lo último en musculación.
Aquí se queda una porción de los 6.000 millones de dólares que 4,5 millones de turistas le generan en divisas a Argentina. De Uruguay llegan 1,5 millones, a los que se suman viajeros de Chile, Brasil, Ecuador, Colombia y Perú, que gastan, en promedio, 150 dólares diarios, adicionales a lo que les cuesta el paquete de alojamiento y tiquetes. Por esta época llegan pocos europeos, pues están apretados por la crisis en el Viejo Continente, advierte Ricardo Sangla , coordinador de prensa internacional del Ente de Turismo de Buenos Aires.
Por regla general, el medio millón de visitantes colombianos se inclina por el goce de un selecto show de tango y los buenos vinos. Claro, también les gusta la pizza y la cerveza, el cuero, ir de compras y recorrer a pie sectores como Palermo, la Recoleta, Boca, Belgrano o Puerto Madero, el sector en donde el boom inmobiliario disparó el metro cuadrado a valores que superan los 7.500 dólares.
Dispensador de champaña
Para quienes se inclinan por los hoteles boutique, más personalizados, está el Mío de Buenos Aires, ubicado en la Avenida Quintana 465. Imponente es su puerta de seis metros de altura, elaborada en roble francés reciclado de toneles de vino. Sus 30 habitaciones, con medidas entre 50 y 100 metros cuadrados, no tienen divisiones y están dotadas con bañeras talladas a mano en troncos de caldén por el artista Mario Dasso.
Los huéspedes tienen en sus cuartos dispensadores de champaña, los mismos que pueden disfrutar a su antojo porque, según la gerente, Amalia González , el consumo está incluido en las tarifas que van de 366 a 766 dólares más IVA.
Abierto el apetito, se puede hacer una escala en Cabernet, restaurante-bar de Palermo Viejo. Con 50 dólares se pueden comer unas empanadas de carne, el clásico argentino T Bone Steak y un flan de chocolate. Con vino, es a otro precio. De 700 etiquetas disponibles la oferta bajó a 250 para ajustarlas al gusto de los clientes. En la cúspide está un Felipe Routine 2002, de 400 dólares, pero también hay económicos.
En esa tónica gastronómica, Mendoza se promueve como el lugar de las selectas catas de vinos argentinos. Desde el Hotel Park Hyatt se puede tomar una "combi" o "van" hacia las principales bodegas de esta provincia. Entre las más centenarias figura la de Norton, que les permite a sus visitantes especiales "jugar" a ser enólogos por un día y elaborar "su vino", mezclando, a puro pálpito o iluminados por un gusto experto, el Merlot, el Cabernet y el Malbec.
Si prefiere una bodega de arquitectura más atrevida, su lugar es O. Fournier, uno de los colonizadores del Valle de Ocuy. En sus 300 hectáreas hay espacio para 84 inversionistas que quieran tener viñedo, villa y su propio vino, que le fabricará esta multinacional española. Solo en ocho predios del Club Privado, que tendrá hotel y Spa, se podrán levantar viviendas. La inversión por hectárea es de 150.000 dólares y su promotor, José Manuel Ortega Gil-Fournier , reporta que los primeros compradores han sido norteamericanos y brasileños.
El español hace vinos como B Crux, Alfa Crux y Urban Uco y su esposa los marida en sus dos restaurantes Dania O. Fournier. A ellos el comensal puede llevar su propia bebida, pagando por el descorche 7 dólares. Las recetas tradicionales tienen el toque personal de la chef y como prueba de su aceptación está el premio que en 2011 le dio la Academia Argentina de Gastronomía como el mejor restaurante de ese país. Su carta cambia cada siete días, con excepción del rabo de toro.
El remate sugerido en Mendoza es el paseo por la alta montaña, siguiendo la ruta que conduce a Chile.
El cielo azul embellece los suelos desérticos. Las montañas rocosas forman figuras caprichosas y la nieve se deja ver en todo su esplendor al llegar a los 3.200 metros sobre el nivel del mar, en el Sendero Mirador Aconcagua, "una montaña que es cien por ciento Argentina", según enfatiza el guía, Enrique (Kike) Roberto Montivero.
Con suerte se puede ver a este imponente gaucho natural. No fue nuestro caso. "A pesar de que soplé y soplé no pude espantar la nubosidad", dice risueño Kike n
* El viaje de turismo también fue financiado por la aerolínea LAN, la organización privada Destino Argentina" y hoteles en Colombia como el Cosmos 100 y el Best Western Plus 93.
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