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Un chef en el arcoiris de la Plaza Minorista

  • Minorista Un chef en el arcoiris de la Plaza | Róbinson Sáenz | El cocinero no podía creer que "tremendos almuerzos" fueran vendidos en la Plaza Minorista. "Yo no me imaginé que esto pasara aquí. Es maravilloso".
    Minorista Un chef en el arcoiris de la Plaza | Róbinson Sáenz | El cocinero no podía creer que "tremendos almuerzos" fueran vendidos en la Plaza Minorista. "Yo no me imaginé que esto pasara aquí. Es maravilloso".
01 de octubre de 2011
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Álvaro Molina, propietario del restaurante Casa Molina, ha viajado por todo el mundo. Hasta ha ido al Polo Norte y allá comió pescado. Estuvo en España y probó las tapas que se cocinan al calor de la sazón ibérica y en Perú saboreó los frutos del mar.

Pero lo que vio, tocó, olió y comió en la Plaza Minorista de Medellín, no tiene antecedentes para él.

"Esto tenía fama de peligroso y sucio pero qué sorpresa me he llevado, es totalmente lo contrario, maravilloso", comenta él con un tono de emoción luego de admirar los largos callejones que empatan unos con otros y forman un laberinto, donde las frutas, las verduras, las arepas y los sahumerios pintan sus paredes.

"¡A mí me va a dar algo!"
Hay siete palabras que definen la sensación de Álvaro cuando no puede creer aquello que es sorprendente y maravilloso para él: "¡A mí me va a dar algo!", dice.

"¡No! Acá venden las arepas de verdad", casi que grita el cocinero lleno de emoción y se dirige, con pasos largos, al puesto donde una mujer lo mira con curiosidad. "Estas no las venden en todas partes. Es tan difícil encontrar en Medellín un lugar donde uno consiga arepas de maíz y cocinadas en fogón", susurra, señalando las líneas negras que deja la parrilla en la masa.

El hombre avanza tocando todo y preguntándoles a los vendedores dónde consiguen los productos. "¿Estas naranjas son de dónde?, ¡Ay, esas uvas se ven tan ricas!". Así se la pasa: comentando, riéndose y explorando esa dimensión desconocida.


Y le dio algo: felicidad
"¿Cómo así que acá venden vino de verano?", pregunta emocionado. Y explica que en su restaurante, Casa Molina, prepara ese mismo granizado de limón con vino tinto.

Llega, después de mucho buscar, al restaurante Aquí paró Lucho, el que le recomendaron por su sazón y calidad en el servicio.

El hombre camina ansioso y cuando ve el letrero, observa cautelosamente la cocina. No aguanta, se entra hasta esa fuente de sabor y acero inoxidable y le pregunta a Lucho, el dueño, cuáles son los ingredientes de sus preparaciones. Una vez compartidos los secretos se sienta en una silla de madera y ordena una posta sudada con sopa de verduras y una limonada.

Al parecer, cada sorbo le sabe a gloria. Se saborea y no deja de repetir que su plato está delicioso. Tanto, que cuando termina llama al propietario del establecimiento y le dice: "Cuando vengan cocineros extranjeros, éste será el lugar que visitarán". Álvaro se despide de los comensales y de aquellos que lo reconocieron por algunas apariciones en la televisión.

Sale del rincón en el que está ubicado el restaurante y deja atrás aquella comida que nunca olvidará, según él, por exquisita y bien preparada.

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