¿Qué sería del fútbol sin la pasión del hincha? A esa pregunta muchos aficionados le dan respuesta con su forma de sentir y apoyar a su equipo.
Ese es el caso de Felipe Álvarez a quien no le bastó tener a Nacional “cosido” en el alma y decidió tatuárselo para toda la vida en el cuerpo.
Orgulloso, en su torso luce la imagen de la camiseta amada. Dice que ese amor, suficiente para soportar 25 dolorosas sesiones, se lo inculcó su madre María Patricia Henao , que no creyó que su influencia llegaría a ese extremo.
“Al principio, a mi mamá no le gustaba, porque usted sabe que hay gente muy intolerante y llegaba aporreado a la casa. Pero con el tiempo me dijo que estaba orgullosa porque ella no creía que lo que me había inculcado iba a terminar en eso. Ella era muy hincha de Nacional pero yo la superé”.
El momento que lo impulsó a tatuarse sucedió durante la celebración de un título verde. Todos sus amigos le preguntaban porqué no estaba tatuado si ellos ya tenían algo de Nacional impreso en sus cuerpos.
“Me puse a pensar en qué tatuaje me haría y vi a alguien con la camiseta de Andrés Escobar e inmediatamente me quedó sonando la idea y decidí hacérmela”.
Esa camiseta que lleva dibujada, con el número 2 en la espalda, fue terminada para el domingo 10 de octubre de 2010, precisamente, en un día del hincha y en el que fue homenajeado uno de sus ídolos, Víctor Hugo Aristizábal .
Recuerda que desde muy niño, su madre lo llevaba al estadio y lo que más evoca es que el traído de diciembre siempre era un uniforme de Nacional. “El que más me gustaba era el de René Higuita ”.
Siempre está en la tribuna sin camisa, llueva o haga sol, muestra sus rayas verdes.
Al principio cuidaba su tatuaje con cremas pero ya no mantiene un cuidado especial porque como él dice, es parte de su cuerpo.
Felipe tiene muy claro que con su pasión nació y con ella morirá tatuada en su cuerpo. “Esto va de la cuna a la tumba”.
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