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No estés eternamente enojado

LOS NIVELES DEL agua siguen aumentando en Puerto Nare. El Vía Crucis no termina para este municipio del Magdalena Medio antioqueño.

  • No estés eternamente enojado | Julio César Herrera, Enviado Especial Puerto Nare | Las aguas cubren el 100 por ciento de Puerto Nare, pero como un milagro, la vida discurre con relativa tranquilidad. La procesión del Vía Crucis se vio colmada por creyentes que no dejaron de pedir a Cristo por el fin de las lluvias.
    No estés eternamente enojado | Julio César Herrera, Enviado Especial Puerto Nare | Las aguas cubren el 100 por ciento de Puerto Nare, pero como un milagro, la vida discurre con relativa tranquilidad. La procesión del Vía Crucis se vio colmada por creyentes que no dejaron de pedir a Cristo por el fin de las lluvias.
23 de abril de 2011
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Viernes Santo. Puerto Nare, 10 am. El padre Carlos Alberto Reyes, con el agua hasta las rodillas, empieza el Vía Crucis de Semana Santa.

La romería de lugareños, congregada al frente de la Iglesia, se persigna. El turbio Magdalena sigue fluyendo entre las calles del parque principal. Hoy se completa una semana de inundaciones y a esta hora cunde la calma en todo el pueblo.

Jesús, con su corona de espinas es custodiado por los soldados romanos. Atado y golpeado tiene su túnica empapada por el río.

"Qué más Vía Crucis que este si mi Dios es el que nos tiene así", dice Ligia Berrío, directora del hogar infantil de Puerto Nare. Con un megáfono en sus manos, se aleja de la precesión rumbo a los 11 comedores comunitarios.

"Hay que avisar que abrieron las compuertas de la Represa de Betania y que nos va a llegar más agua", remata doña Ligia.

Jesús es condenado a muerte. Primera estación: Puerto Nare es sentenciado a una nueva creciente. El padre Carlos levanta una plegaria al cielo para que cesen las lluvias y las catástrofes. Dos mujeres piadosas, arrodilladas dentro del agua, acompañan su súplica.

"Estamos desesperados, angustiados, el Alcalde lleva dos días sin venir y la comida ya empieza a escasear", dice una de ellas. Las decenas de feligreses retoman la marcha entre las calles por donde fluyen las canoas. "No estés eternamente enojado, no estés eternamente enojado, perdónales señor", cantan.

Jesús con su cruz a cuestas. Segunda Estación: Puerto Nare y sus 10 mil damnificados. En la institución Educativa Carlos Antonio Duque y en el coliseo municipal ahora viven tres mil personas. Los salones y las canchas le dieron paso a las camas, los colchones, la ropa y los fogones de leña. "Ya se empezaron a detectar los primeros brotes de dengue y de enfermedades por las inundaciones", asegura Viviana Posada, directora de la Dirección Seccional de Salud del municipio.

Jesús cae por primera vez. Tercera estación: las culebras mapaná muerden a tres puertonareños. El paramédico del pueblo sale de inmediato a Puerto Berrío en busca de más raciones de suero antiofídico. "Las aguas trajeron las culebras", asegura.

Más personas se suman a la procesión pese a la alerta de la creciente. "El único camino de libertad es el amor por lo demás", dice el padre Carlos por el megáfono.

La procesión le da la vuelta al colegio. Allí unos cocinan y otros ayudan a las familias que apenas llegan con sus "corotos". En los corregimientos de La Sierra y La Pesca, y en dos islotes, los funcionarios de la Alcaldía siguen sacando a la gente que creyó que el agua pronto se iría.

Mientras tanto el Vía Crucis prosigue por sus estaciones con nuevas caídas, enjuague de lágrimas, latigazos, encuentro con las santas mujeres y con el sanedrín.

Jesús consuela a las hijas de Jerusalén. Octava estación: descienden los niveles de agua en el río Nare.

"Lo único que nos ha dado tregua es que el río Nare ya bajó pero el Magdalena sigue llegando con mucha fuerza", dice don Carlos Martínez, habitante del municipio.

La última emergencia invernal que se presentó en Puerto Nare ocurrió en diciembre de 2010.

"Lo del año pasado fueron las aguas mansas. Ahora se nos vino esta catástrofe y ya no sabemos qué hacer", dice doña Ligia Berrío.

También el padre Carlos tiene empapada su sotana blanca. Sus pertrechos son unas botas de caucho y una mochila terciada. Entonces Jesús cae por tercera vez en el río. Los solados lo latigan, "levántate miserable, camina, camina", le gritan.

Son las 12 del medio día y los rayos de sol del Magdalena Medio rebotan en el río. En Puerto Nare, inundado, a Jesús le quitan sus vestiduras.

"Perdona tu pueblo Señor, perdónale Señor", cantan los marchantes. La Virgen María y la Magdalena lloran al lado de Jesús. En otras calles del pueblo el cuadro es distinto: otras familias renuncian a quedarse en las azoteas de sus casas y se marchan en canoas.

"Dios nos tiene abandonados", dice doña Martha, habitante del barrio Héctor Duque que yace completamente bajo el agua.

Jesús es clavado en la cruz. Décima estación: las aguas de la represa de Betania ya se cuelan en Puerto Nare. "La gente está nerviosa pero yo estoy temblando", dice el padre Carlos. Todo está consumado.

Los soldados romanos, a cuestas, llevan a Jesús al Gólgota. Allí morirá. El pueblo se une en oración con la esperanza de que hoy, día de la resurrección, las aguas retrocedan y la calma vuelva al puerto.

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