Admirado por unos, cuestionado por otros y temido por todos los que han errado en sus actividades como funcionarios públicos, el procurador general de la Nación, Alejandro Ordóñez , dice que no les presta atención a las críticas y que lo suyo es seguir la Constitución. A Ordóñez le gusta la cosa pública. Su salida, aunque cercana y anhelada para muchos, también se puede extender en el tiempo si es reelegido.
Dijo que ha perdido varios kilos por su trabajo en la Procuraduría, entonces ¿por qué tiene interés en ser reelegido?
"Me gusta lo que estoy haciendo, tengo vocación por la vida pública, pues si no la tuviera, difícilmente podría ejercer el cargo. Segundo, cuando se considera que se está haciendo una buena gestión, uno quiere continuarla. Lo más fácil para quien llevaba 20 años en la Judicatura habría sido terminar su vida judicial como Consejero de Estado, y dedicarse a la profesión (abogado) y asegurar una mayor estabilidad económica para su familia. Pero preferí continuar. Hasta ahora he dicho que quiero seguir, no depende de mí".
Cada vez hay más enfrentamientos por la Reforma a la Justicia, ¿por qué cree que nos cuesta tanto cambiarla, si hay consenso de que no funciona?
"La administración de Justicia es un diseño de carácter constitucional y estos procesos son traumáticos en su elaboración, trámite y aprobación. Creo que si hay una reforma necesaria es contra la impunidad, porque el país percibe que hay impunidad por falta de decisiones y estas no se dan porque hay congestión. Lo que realmente le duele al ciudadano y deslegitima al Estado es la impunidad. Y si algo se echa de menos en este proyecto (que está en el Congreso) es que carece de instrumentos eficaces para enfrentar el drama de la impunidad, de la no justicia".
Usted ha tomado decisiones en asuntos en los que la Justicia Penal va atrás. ¿A qué se debe? ¿Son más diligentes que la Fiscalía?
"No me gusta hacer comparaciones. Sí puedo decir que en los procesos disciplinarios hay instrumentos mucho más ágiles, como los que aquí se han utilizado, y en ello la estructura del proceso disciplinario, específicamente del proceso verbal que muy poco se había utilizado, ha sido muy eficiente para afrontar casos paradigmáticos de corrupción".
¿Por qué decidió asumir preferentemente el proceso verbal?
"Cuando me posesioné encontré que había un grave problema de credibilidad frente a los organismos de control, pues los ciudadanos sentían que la Justicia era para los de ruana. Encontré una corrupción galopante que permeaba diferentes órganos de la administración pública y dije que había que escoger casos paradigmáticos de corrupción, es decir, de ministros, senadores, gobernadores, alcaldes de capital, porque de esa forma se envía el mensaje de que aquí todos tienen riesgos. Esa decisión debe ser durante el tiempo en que se esté ejerciendo la investidura; para eso existe el proceso verbal, que tiene unas exigencias probatorias; se ha utilizado y se profirieron las decisiones que se conocen".
¿Cuál es el resultado de esa agilidad?
"Se han destituido 8 gobernadores en ejercicio y 178 alcaldes; de esa manera enfrentamos la corrupción".
¿Teme que eso no suceda si usted no es reelegido?
"No, yo no soy mesiánico. Es una de las características de mi personalidad. Esto se puede hacer con Alejandro Ordóñez o con Perico Pérez. Lo que pasa es que quiero seguir y la Constitución me lo permite. Se ha hecho una labor que no se puede absolutizar. Se han tenido aciertos, se han cometido errores, he sido sujeto a críticas, aplausos, pero yo no soy mesiánico. Lo cierto es que la persona tiene que ser independiente".
La mayor cantidad de críticas contra usted tiene que ver con sus convicciones religiosas. ¿En su ejercicio han intervenido sus convicciones?
"Ahí están las decisiones. Cuando me hacen esa pregunta yo digo: ¿Conocen mis decisiones? ¿Las han leído? Mis conceptos ante la Corte Constitucional sobre temas tan álgidos sobre la vida, el matrimonio, el aborto, la adopción, ¿los conocen? La mayoría no, pero en esos conceptos no hay un argumento o insinuación que esté fundada en un discurso confesional. No hay una cita religiosa, son argumentos basados en la Constitución y en la jurisprudencia".
¿Siente que lo persiguen con ese tipo de críticas?
"Hay un problema de intolerancia de un pequeño sector que sigue fungiendo como francotirador. Son personas que están expresando intolerancia y asumiendo una actitud discriminatoria, porque al Procurador no se lo critica por las providencias, sino por lo que piensa. Eso no lo permito. Hay una especie de 'cristianofobia', que se manifiesta tratando de generar inhabilidades morales. Así, los católicos no podrían aspirar a cargos públicos y sólo podrían pagar impuestos y prestar el servicio militar, porque no pronunciarían un pensamiento jurídico, política o éticamente correcto".
¿Le cansan esas críticas?
"Pueden decir todo lo que quieran. Si uno solo de los argumentos de esos 'inconsecuentes librepensadores' fuera cierto, no hubiera ganado las diez tutelas que me han puesto. Lo que esas personas quieren diseñar es una democracia esquizofrénica. Además, todos esos librepensadores de 'pipiripao' fueron los que me eligieron. Guardo profundo cariño y agradecimiento por María Jimena Duzán, Daniel Coronell, Ramiro Bejarano, Cecilia Orozco , los Samper (hijo y padre); por ellos rezo todos los días, porque gracias a ellos yo soy Procurador (risas). A mí nadie me conocía y cuando fui candidato me empezaron a sindicar de prevaricador. Moralmente, éticamente, no lograron sacar nada. La gran acusación era: ¡es católico y tiene convicciones, cuidado! Gracias a eso, el Congreso votó casi unánimemente por mí".
También lo critican por decisiones como el cierre de la indagación preliminar contra Juan Manuel Corzo o por pedir la absolución de Javier Cáceres en su juicio por parapolítica?
"Alguien me dijo: 'Ah, es que usted es amigo de Corzo. Sí, soy conocido de él y de 100 senadores más. En ese caso había dudas, no había pruebas de su vinculación con los paramilitares y no sólo pasó con él, sino con otros tres senadores. En el caso de Javier Cáceres , por ejemplo; dicen: 'Huy, claro, es amigo del Procurador'. Y por qué no dicen lo mismo del Consejo de Estado, que hace unos meses negó su pérdida de investidura. No puedo asumir espíritu de cuerpo ni con la Fiscalía ni con la Corte, porque mi función es ser garante de los ciudadanos y cuando encuentro que hay duda y no certeza, no puedo decir que lo sancionen".
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