La sentencia más recurrente desde la noche del domingo, que se conoció la muerte de Osama Bin Laden, es que el presidente de los Estados Unidos tiene su reelección asegurada: se ha oído decir que el hecho de haber dado de baja al terrorista garantiza por sí sólo el segundo período en la Casa Blanca.
Sin duda este es un golpe político y militar muy fuerte que ofrece Barack Obama a su país y a la comunidad internacional y seguro tendrá repercusiones en el inmediato futuro. El Presidente venía en un declive de su imagen y los republicanos al ganar la Cámara de Representantes, en noviembre pasado, habían empezado a hacerse sentir.
Esto, en momentos en los que Obama anunciaba su decisión de presentarse a la reelección en 2012, podría significar una ventaja en términos partidistas, que es como se entiende la política estadounidense. En este nuevo panorama el Partido Republicano no controlará más la dureza del discurso antiterrorista, que le supuso cuatro años más de gobierno en cabeza de George W. Bush (fue ese tema el que le dio la victoria frente a un demócrata destacado y con buenas posibilidades como John Kerry).
Sin embargo, al no existir la persona que según el gobierno y los medios encarnaba esa amenaza, la tendencia es creer que ya es un asunto resuelto y pasar a otro más prioritario. Me atrevo a decir que este episodio -a 18 meses de las elecciones- no traerá beneficios definitivos en materia electoral para Obama: podrá ayudarlo, pero si el mandatario es reelegido no lo será por haber dado de baja al terrorista.
Para ponerlo en términos prácticos, la noticia de la muerte de Bin Laden le significó a Obama un leve aumento de cuatro puntos en la valoración ciudadana, según CNN . En contraste con lo que vivimos en Colombia en 2008 con la Operación Jaque, Álvaro Uribe incrementó su favorabilidad en 9 puntos por este hecho (Gallup).
Podría haberse pensado que si el sentimiento de júbilo se sintió más en los Estados Unidos que en Colombia cuando el rescate (basta recordar las calles de Washington y Nueva York atestadas de gente con banderas) eso habría conseguido más respaldo popular, pero no.
En dos semanas los medios dejarán de hablar del tema y paulatinamente se diluirá la muerte de Bin Laden en el día a día de la opinión pública. Será la economía nuevamente, como lo fue para Clinton en 1992 y para el mismo Obama en 2008, la que defina la contienda.
El respiro que siente el Presidente le alcanzará para sacudirse a los republicanos ahora, pero nadie asegura que le alcance para quitárselos de encima en 2012. A no ser que los del partido del elefante conserven la baraja de pésimos candidatos que mantienen hasta hoy.
P.S. : Ni Santos pretende darle estatus de beligerancia a la guerrilla, ni buscará sacarlos de las listas internacionales de terroristas donde están. Al llamar las cosas por su nombre (conflicto armado) simplemente reconoce una realidad en la que las Fuerzas Armadas podrán ser miradas bajo la luz del Derecho Internacional Humanitario y en la que se seguirán combatiendo a los irregulares y se les catalogará como hasta ahora lo ha hecho tanto el Estado colombiano como la comunidad internacional.
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