No es una. Son varias. Las amigas, conocidas, que ya no quieren tener hijos. Algunas me han dicho que prefieren tener un gato o un perro. Y cuando me las encuentro en la calle y saben que soy mamá deliberada de niñas (sí, en plural), algunas celebran, felicitan, preguntan. Otras ponen cara de tristeza, ignoran el tema o les causa incomodidad. Otras consideran que es excéntrico tener varios hijos en estos tiempos y "más en una ciudad como Medellín", en la que es "duro ser mamá" porque "se necesita mucho dinero para tenerlos bien" y la vida laboral es cada vez más intensa.
Dentro de las mujeres que no quieren tener hijos, encuentro dos grupos: el primero es el de las que no ven su felicidad asociada a ellos ni están interesadas en temas infantiles. El segundo es el de las que no quieren ser mamás porque dicen no tener el tiempo, dinero o condiciones materiales para cuidarlos bien.
No tener hijos por decisión es un asunto individual que debe ser respetado sin intromisiones. Hace unos años leí un texto de la periodista Leila Guerreiro: (…) "En mi vida no hay niños: propios, prestados, ajenos, en custodia. La ausencia no es casual, sino deliberada: me crispan los niños caprichosos, no sé de qué hablar con los tímidos, me irritan los hiperestimulados. Pero también y sobretodo, no veo en la infancia nada encantador. No quise hijos porque no quiero ejercer sobre un ser distinto a mí, lo que abomino en los tiranos: decidir en nombre de otro".
Hace poco leí un texto de Carlos Palacio (Pala) en el que dice admirar la maternidad responsable y al mismo tiempo a las mujeres que deciden no reproducirse "porque buscan la felicidad más allá del lugar que la sociedad les impone".
En el otro lado están las mujeres que no quieren tener hijos por temor a no darles el tiempo o las condiciones materiales, como le ocurrió a una periodista reconocida en el mundo hispano y quien al final de una reunión dijo en un salón de hotel a unas cuantas colegas en Madrid: "no tuve niños porque no tenía quién me ayudara a cuidarlos y no pude dejar mi trabajo después de haber luchado tanto por llegar hasta aquí".
Ser mamá es una de las experiencias más dramáticas. No se vuelve a ser el mismo. Si fue deliberada y con buenas condiciones, probablemente uno es más sensible y generoso ante otros, se vuelve a ser niño, es experto en manejar el tiempo y se vive a plenitud una gama de emociones nuevas. Héctor Abad Faciolince citó una vez una frase del novelista Juan José Hoyos: "Al que no tiene hijos se le queda un pedazo del corazón sin usar".
Si una mujer no es mamá en esta ciudad, que ocurra por decisión propia y no porque su entorno no lo permitió. Si Medellín es de verdad una "Ciudad para la Vida" como se promueve en anuncios de la alcaldía, debe haber más beneficios para las mujeres y mamás. No sólo gubernamentales, sino también privados: jornadas laborales más flexibles y empresas que permitan combinar el trabajo y la maternidad con más facilidad. Las mujeres podemos hacer grandes cosas y dar felicidad a muchos con lo bueno que se nos da. Aunque sea un poco.
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