A pocas semanas del fallecimiento del maestro Joe Arroyo, lo deseable sería que se hablara de la manera de perpetuar su memoria musical; que se estuvieran adelantando gestiones para que su legado artístico sea inspiración y se conserve como lo que es: un tesoro.
Lamentablemente, sus familiares acometieron el empeño por su herencia de otra manera: dos de sus esposas ya están enfrentadas en los tribunales, donde las demandas hablan de derechos de autor, cuota alimentaria y homicidio preterintencional.
Resulta triste que los herederos de una leyenda como lo fue Álvaro José Arroyo inviertan su energía en distribuir bienes y acusaciones, en lugar de asegurarse que su aporte a nuestra historia musical siga vigente.
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