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POLÍTICA E INCOMPETENCIA

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05 de diciembre de 2012
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Nos hemos acostumbrado a pensar que nuestros líderes son hombres que superan la media; inteligentes, cuidadosos, calculadores, incluso eficientemente sagaces en algunos casos. Sin embargo, un examen detenido de la mayoría de las decisiones políticas importantes nos deja entrever a seres humanos de carne y hueso, susceptibles a confundirse, utilizar información incompleta, en esencia, a errar.

Así pues, la mayoría de las personas (pero sobre todo nuestros líderes) se ven diariamente a merced de todo lo que pasa a su alrededor y no conocen o no pueden controlar. Un líder no es un inspector de seguridad; es un bombero, le es casi imposible prevenir incendios, su medida se da en tanto es capaz de apagarlos o controlarlos.

En realidad, lo que al final separa a un buen líder de uno malo no es su capacidad extraordinaria de predecir el futuro o influenciar las circunstancias, sino la de asumir sus errores o enfrentar las dificultades que le trae el azar. En efecto, es su carácter, no su inteligencia sobrehumana, lo que lo hace valioso.

Por eso resulta tan desconcertante el desempeño del presidente Juan Manuel Santos en los últimos meses. Pues las dificultades que le han aparecido a su gobierno (algunas por azar, otras predecibles) han sido atendidas de una manera frustrante e incompetente. Y esto no solo ha sido perjudicial para su gobierno y popularidad, sino que ha tenido consecuencias funestas para el futuro de Colombia.

Es el caso de la pérdida de una porción importante del mar Caribe por el reciente fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya. En realidad, la decisión no fue culpa de Santos, sino un acumulado de varios gobiernos anteriores y un desastroso error inicial en el 2001, pero el comportamiento del gobierno en las últimas semanas ha planteado serias dudas sobre el carácter del Presidente.

Santos parece empecinado en que lo veamos como un líder tibio, demasiado preocupado por lo que dicen las encuestas un día y al siguiente, obsesionado sobre su legado para el futuro. Su inconsistencia se ha convertido en marca personal; pero cuando se abusa de la capacidad para cambiar se peca por blando, no por versátil.

Y eso es nuestro presidente, blando y por eso no asume sus errores y no maneja las crisis; no es un buen líder y es una lástima que sea el nuestro.

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