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HISTÓRICO
¿Por qué no intervienen en Siria?
Santiago Silva Jaramillo | Publicado el 10 de junio de 2011
La 'Responsabilidad de Proteger' (R2P) es una doctrina internacional que sostiene que, en caso de que un Estado sea incapaz de proteger los derechos humanos de su población (por su incapacidad o porque sea éste el que los viola), la comunidad internacional tiene la responsabilidad de hacerlo. R2P fue ratificada por la ONU en la Cumbre Mundial de 2005.

La resolución 1973 del Consejo de Seguridad, que el pasado 17 de marzo autorizó a los miembros de la ONU a "tomar todas las medidas necesarias" para proteger al pueblo libio, citaba como uno de sus argumentos a la 'Responsabilidad de Proteger'.

En Libia, para ese momento, Gadafi estaba utilizando sus fuerzas armadas, con tanques, artillería y aviones de guerra, para reprimir las fuerzas rebeldes, refugiadas en la ciudad de Benghazi. El temor a una masacre aceleró el accionar de los miembros del Consejo de Seguridad y con una pertinencia excepcional, la OTAN implementó una zona de exclusión aérea justo a tiempo para impedir un desastre.

En este momento, el presidente sirio Bashar Al-Assad está aplicando la lección de Gadafi sobre cómo reprimir una revuelta con terrible eficacia, desplegando sus fuerzas de seguridad para reventar las protestas, culpando de los desórdenes a oscuros intereses, e impidiendo la entrada al país de organizaciones humanitarias y periodistas internacionales. Según la revista Time , dentro de Siria se rumora que hay más de mil muertos, varios miles de heridos y otro tanto de desaparecidos desde que se iniciaron las protestas, hace dos meses.

La situación es crítica y, sin embargo, aparte de las sanciones económicas al círculo del presidente Al-Assad, ni EE.UU. ni Europa parecen dispuestos o interesados en intervenir. Según la doctrina de 'Responsabilidad de Proteger', deberían hacerlo, pero hay motivos de importancia para que la comunidad internacional prefiera mantener la distancia: Siria no es Libia y ningún poder regional o global tiene deseos de intervenir, ni siquiera para proteger a los ciudadanos víctimas de la represión de Al-Assad.

En primer lugar, porque el ejército sirio está mejor entrenado, equipado y cohesionado de lo que nunca estuvieron las fuerzas de Gadafi. Una acción armada internacional contra Siria supondría mayores y sustanciales peligros para las fuerzas involucradas; un riesgo que pocos quisieran tomar. Por otro lado, la compleja composición étnica y religiosa de Siria, hogar de musulmanes sunitas, chiítas y drusos y varias sectas cristianas, hace recordar a los estadounidenses y europeos, lo difícil que es estabilizar este tipo de países, como en el caso de Irak. Ningún poder tiene intenciones de involucrarse con esas complejas dinámicas locales.

De la misma forma, el clima internacional para otra intervención armada humanitaria, y sobre todo en el caso sirio, no es el mejor. Por un lado, Siria cuenta con estrechos lazos con Irán y con el grupo terrorista libanés Hezbolá, y representa un jugador de importancia en el conflicto judío-palestino. También cuenta con apoyos y estrechas relaciones económicas y políticas con China y Rusia, que vetarían cualquier resolución del Consejo de Seguridad.

Los sirios están solos, pero los pocos reportes reseñan un clima de tal indignación y rabia, que el que se estará sintiendo muy solo en las próximas semanas será el dictador Al-Assad.