<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
HISTÓRICO
Redes sociales y control ciudadano
Santiago Silva | Publicado el 18 de octubre de 2011
Desde hace un par de años, los políticos colombianos han descubierto una nueva manera de extender sus campañas para ocupar cargos públicos o para comunicarse con sus electores y la ciudadanía en general: las redes sociales.

Sin embargo, la mayoría de ellos han tomado este nuevo espacio como un lugar desde dónde promover sus estrategias de comunicación de una sola vía y no como las importantísimas herramientas de interacción con las personas que pueden llegar a ser.

En efecto, es más común ver a un político dándose importancia por medio de las redes sociales que contestando las inquietudes ciudadanas o debatiendo los problemas inscritos en la agenda pública con los que son, al fin de cuenta, sus electores.

Pero los espacios como Twitter y Facebook no son solo útiles para que los políticos hagan campaña; pueden ayudarnos a los ciudadanos a controlar su gestión y monitorear su trabajo. Los políticos (sobre todo los más politiqueros) han sabido sacar provecho de estas tecnologías, pero los ciudadanos también.

Según Nuria Cunill, el Control Social se puede entender como la vigilancia social activa de la función pública, enmarcada en la construcción de democracia y ciudadanía. Es decir, una participación ciudadana preocupada por mantener una activa exigencia de cuentas sobre las acciones de la administración pública.

Hace unas semanas, una iniciativa que llevaba el nombre, cargado de ironía, de "corzotón", buscaba exigirle al presidente del Senado, Juan Manuel Corzo, que retirara varios proyectos y medidas adoptadas durante su periodo que daban beneficios a los congresistas en temas tan variados como subsidios de gasolina e inmunidad parlamentaria.

Esta idea, por supuesto, nació y se desarrolló en las declaraciones de indignación de los usuarios de Twitter. Y aunque los verdaderos 'dientes' de este fenómeno no estén claros (al fin de cuentas, los resultados reales del "corzotón" fueron bastante pobres), puede convertirse en un excelente medio para que ciertos problemas ganen visibilidad y entren a hacer parte de la agenda institucional.

Muchos políticos tienen cuentas en Twitter y Facebook, algunos son juiciosos, en tanto las usan para interactuar e informar a las personas. Otros, como siempre, las utilizan para hacerse publicidad o como espacio para la pelea y la demagogia. Pero en general, la pertenencia a las redes sociales ha permitido que personas del común tengan acceso a los antes lejanos 'doctores'.

En Twitter, yo puedo reclamarle a un senador de la República por votar de forma irresponsable o contraria a los ideales por los cuales fue electo, mientras menciono a un expresidente y "retwitteo" las ideas de una organización de trasparencia gubernamental. El parlamentario puede ignorarme, pero no a las otras decenas o cientos de menciones que otros usuarios pueden hacerle, reclamándole la misma cuestión. En la política de las redes sociales, nada puede ser más gratificante o peligroso para un político que volverse un Trending Topic (uno de los temas populares) en Twitter; ser la persona de la que todos hablan no es nada rentable, si le están exigiendo la renuncia. Al igual que en su poder para ganar elecciones, las redes sociales deben verse con precaución y con el suficiente cuidado de no sobreestimar su alcance en el mundo "real", pero tampoco puede despreciarse el poder que pueden ejercer al momento de controlar lo que los servidores públicos hacen, en las circunstancias apropiadas y con la suficiente cantidad de resonancia.