No es lo mismo ser la economía más grande del mundo que ser la que detenta la mayor dosis de poder, la más eficiente o la más prometedora. El juego no es de percepciones sino de metodologías de medición.
Y sin embargo es bueno saber que mientras en Estados Unidos 41 % de la población considera que la economía china es más grande que la americana, en China, sus ciudadanos, en un 48 %, estiman que los Estados Unidos son los que se llevan la palma. Los europeos se inclinan, en general, más a favor de la tesis del país asiático como primera economía mundial, con los alemanes apostando en un 63 % a una China ganadora y 16 % a favor de los americanos. Los ingleses se dividen en 58 % contra 28 % a favor de China y los españoles, 57 % a 26 %, también privilegian a los chinos. Y, por último, la percepción a escala mundial está más pareja: 46 % de los habitantes del planeta ponen a China adelante y 36 % a los Estados Unidos. Esta medición es del Pew Research Center.
Cualesquiera que sean las razones pedestres que se esgrimen para favorecer a un coloso o al otro, hay que estar claros que, como quiera que se mida, los números americanos son mayores que los chinos, pero la distancia entre el bienestar personal que existe en uno y otro es realmente descomunal. Si se usan las mediciones del Banco Mundial o las del Fondo Monetario Internacional al PIB chino para 2011 -considerado en 10.1 trillones de dólares- aún le faltaría un trecho largo por recorrer para igualar al americano, de 14,5 trillones. Un estudio de la revista The Christian Science Monitor aporta guarismos aún más convincentes a favor de los americanos: el PIB per cápita de Estados Unidos andaría cercano a los US$ 50.000, mientras que el chino apenas llega a niveles similares a los de Ecuador: US$ 8.000.
El caso es que a pesar de las vertiginosas tasas de crecimiento del PIB chino en los últimos 20 años, aun hoy el ciudadano promedio es considerablemente más pobre que su par americano. La realidad es que el PIB chino en constante y acelerada expansión por más de dos décadas, aun no consigue acercar el ingreso per cápita de los chinos a los índices del ingreso de cada individuo en Norteamérica. Démosle unos 8 o 10 años más de inercia y los chinos pudieran llegar a exhibir números que sobrepasen a sus rivales. Solo que no va a ser este un fenómeno inercial sino el producto de una bien aceitada planificación.
Una mirada a los eventos poblacionales de los dos gigantes nos muestra que mientras la población estadounidense se va a expandir a razón de 17 % interanual en las cuatro próximas décadas, la china se descolgará de manera brutal. Para dentro de 30 años habrá en China 1 trabajador chino por cada trabajador retirado mientras que hoy esa relación es de 8 a 1.
Una máxima es clara: Tamaño no equivale a poder, pero, sin duda la talla puede ayudar a compensar.
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