La imagen de Jesucristo, ubicada a la entrada de la vivienda, que aunque le habían recomendado aún no conocía, se convirtió para María Iluminada Estrada, en la señal más clara de que había llegado a la morada del Padre Celestial: a la Casa del Buen Dios.
Ya adentro, en ese lugar que trataba de visualizar con mucha dificultad por un solo ojo, se apoderó de ella una sensación de tranquilidad en su espíritu. Estaba muy lejos de su casa en Caucasia, pero sabía que este sitio sería su nuevo hogar en los próximos días.
Tuvo la certeza de que allí podría recuperarse de las heridas físicas y psicológicas provocadas por aquella explosión de granada que, después de quitarle parcialmente la vista, la había amenazado también con arrebatarle la vida.
Al igual que ella, María Flor Potes, no paraba de agradecerle a Dios por haberla traído hasta la residencia, que durante más de tres meses la ha acogido mientras le realizan el tratamiento para combatir el cáncer de seno que padece.
Con el recorrido por cada nuevo pasillo de la sede de adultos, ubicada en la carrera 50 # 63 - 136, aparecen más historias conmovedoras y llenas de esperanza.
Para los pacientes que se alojan allí, la enfermedad e incluso la discapacidad no son un obstáculo sino una oportunidad para crecer y salir adelante.
Así lo ve Ernesto Mogrover, oriundo de La Dorada, Caldas, quien se hospeda regularmente en el sitio para acudir a las citas médicas que le ayudan a superar su impedimento físico, derivado de una mina antipersonal que lo dejó sin una de sus piernas hace ya cuatro años.
"No puedo cortar madera como lo hacía antes, pero ya estoy aprendiendo a elaborar artesanías para superarme y sostenerme por mí mismo", dijo con satisfacción.
Atención integral
Mónica Londoño, directora de la Casa del Buen Dios, señaló que además de un techo, quienes se hospedan en la fundación, reciben también apoyo psicológico y alimentario al igual que servicio de transporte.
"Atendemos personas de bajos recursos económicos, generalmente, afiliadas al Sisbén, que no tienen donde quedarse en la ciudad para que se les practique un tratamiento médico", aclaró.
Explicó que esta labor filantrópica, que mañana cumple 50 años, fue ideada por Tulia Uribe (ya fallecida), una voluntaria del Hospital San Vicente de Paúl, que siempre se preocupó por el bienestar de los pacientes.
Y es precisamente con el objetivo de honrar su memoria y celebrar por lo alto el aniversario del ideal por el que tanto luchó, que este dos de julio se realizará un gran evento musical, con el que se recogerán fondos para continuar con esta tarea desinteresada.
Aquella que se convierte, sin duda, en un motivo de esperanza para personas como María Iluminada, María Flor y Ernesto, que en medio de su padecimiento encuentran una mano generosa que los recibe en su casa.
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