El hecho de que Daniel Rendón Herrera, alias "Mario", hubiera concentrado sus actividades ilegales en Urabá no es casual y no obedece sólo a que él fuera un habitante de esa zona.
La región de Urabá está enclavada en la esquina noroccidental de América del Sur, tiene costas sobre el Golfo de Urabá (Mar Caribe), está rodeada por las serranías del Darién -en límites de Colombia con Panamá- y de Abibe -entre los departamentos de Antioquia y Córdoba- y cuenta con el río Atrato como una importante vía fluvial de los departamentos de Chocó y Antioquia.
Esta ubicación convierte a la región de Urabá en un enclave estratégico, pues es una vía por la que se sale con relativa facilidad hacia los países del Caribe, por el océano Atlántico, o de Centroamérica, por el Atlántico o el Pacífico.
Y esta ventaja ha convertido a Urabá en una zona ideal para el comercio exterior colombiano y, en especial, de Antioquia.
Pero esa ubicación ha sido aprovechada, desde la época de la colonización española, por personas que se dedican al tráfico ilegal de diversos productos y que llevaron a que Urabá se convirtiera en una zona en constante disputa por los grupos armados ilegales, cuya presencia se mantiene hoy, así sea en menor escala.
En medio de las confrontaciones armadas de las tres décadas más recientes, Urabá se convierte en una de las regiones más importantes para la salida de la cocaína que se produce en las riberas del Atrato, en el Nudo de Paramillo y en el Bajo Cauca.
En la siembra de la coca y en la producción de la droga, además de los narcotraficantes, han intervenido autodefensas y guerrillas, que en años de clandestinidad han creado corredores de movilidad, algunos de los cuales llevan desde el Atlántico hasta el Pacífico por ríos y trochas, y otros que, por la serranía del Darién, comunican a Colombia con Panamá.
Un porcentaje de las ganancias del narcotráfico es destinado a la compra de armas y municiones para sus combatientes, muchas de ellas de Centroamérica. Y aquí Urabá también es clave, pues al igual que para la salida de cocaína, se usan las rutas clandestinas.
Las rutas terrestres son difíciles de detectar o de cortar por parte de la Fuerza Pública, debido en parte a las condiciones físicas y climáticas de esta región.
Y en el mar, la Armada hace esfuerzos por detener el tráfico de drogas o armas, pero el tráfico marítimo por el Golfo de Urabá es bastante elevado, lo cual hace imposible revisar a todas las embarcaciones que día y noche cruzan por allí.
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