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HISTÓRICO
Viva la aventura selvática en el río de las hamacas
  • Viva la aventura selvática en el río de las hamacas | Hernán Vanegas | Después de muchos años sin vacaciones, Mauricio Sánchez viajó con su esposa a celebrar sus Bodas de Plata en medio de la selva. El se le midió a subir la ceiba del dosel a punta de cuerdas hasta llegar a la cima, a unos 40 metros de altura, antes de cruzar el puente tibetano. La sudó pero gozó como nunca.
    Viva la aventura selvática en el río de las hamacas | Hernán Vanegas | Después de muchos años sin vacaciones, Mauricio Sánchez viajó con su esposa a celebrar sus Bodas de Plata en medio de la selva. El se le midió a subir la ceiba del dosel a punta de cuerdas hasta llegar a la cima, a unos 40 metros de altura, antes de cruzar el puente tibetano. La sudó pero gozó como nunca.
Lilliana Vélez De Restrepo | Publicado el 12 de abril de 2010

A una hora y media navegando río arriba el Amazonas desde Leticia, se llega al Hotel Parque Nacional Natural Amacayacu que, en una hectárea y media (la reserva natural tiene una extensión de 293.500 hectáreas), se constituye en un oasis en medio de la selva.

Una oportunidad para que turistas de todo el mundo -la semana pasada había visitantes de China, Estados Unidos, Francia, España, Chile, Argentina y por supuesto Colombia-, puedan vivir una aventura real en la jungla amazónica.

Esta oportunidad, que se logró cuando Parques Nacionales otorgó en concesión el permiso para el hotel a la sociedad entre Aviatur y Decameron en 2005, es un destino ecoturístico por excelencia, muy recomendado para quienes gustan de la aventura y la adrenalina.

La precisión es necesaria sobre todo cuando se piensa en los viajeros citadinos que sufren al saberse rodeados de animales, de no tener facilidad en las comunicaciones (no hay internet, solo algunos celulares tienen señal), se cuenta con un servicio telefónico de llamadas al estilo collect call (paga quien la recibe) a teléfonos fijos.

El hotel está hecho al estilo de las viviendas indígenas de la zona, es decir en forma de malocas con el ánimo de causar el menor impacto posible en el ecosistema.

Bien puede describirse como un hotel ecológico, donde se procesan los residuos sólidos, se tratan las aguas residuales para retornarlas limpias al río y la luz eléctrica, que funciona con planta, se apaga todos los días a las 10:00 p.m.

A pesar de ser un Decameron, no cuenta con piscina ni jacuzzi. Solo hay un televisor, no hay servicio de internet y en cambio sí la oportunidad de comunicarse con algunas de las diferentes etnias que allí habitan.

Uno de los grandes atractivos que ofrece este hotel es el dosel. Partiendo en una canoa por un río afluente del Amazonas, se adentran los aventureros hasta cierto punto donde desembarcan, caminan unos 500 metros por entre la selva y llegan a donde están dos colosos: son dos grandes ceibas o árboles del saber, según los ticuna.

Por uno de ellos se asciende, bien sea en cuerdas o por 87 escalones. El premio al esfuerzo es la gran vista sobre la selva. De una ceiba a otra se cruza a través de un puente tibetano y al llegar al otro extremo se desciende a rapel.

Entre las opciones de aventura se encuentran, entre otros, la caimaniada (visita a los caimanes en la noche), pesca diurna y nocturna, visita a la isla de los micos, a Puerto Nariño, a alguna de las comunidades de indígenas, a ver los delfines rosados y grises en el Lago Tarapoto.

Estos planes se pueden hacer también como Pasa Día, sin necesidad de pernoctar y saliendo desde Leticia.

En cualquiera de ellos lo más importante es el contacto directo con la naturaleza, la oportunidad de conocer nuevas especies y practicar el respeto por el equilibro ecológico en aras de asegurar el futuro de nuestra biodiversidad.