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El antes y el después: Medellín invierte $1,2 billones para dejar como nuevos sus 421 colegios

El 95% de los colegios públicos estaba en mal estado al final de la alcaldía de Daniel Quintero. Después de años de techos caídos, salones cerrados por hongos y promesas sin cumplir, la ciudad realiza la mayor inversión en infraestructura educativa.

  • Así se ve el cambio de la Sección Escuela Santísima Trinidad en Guayabal, Medellín. Fotos: cortesía y EL COLOMBIANO.
    Así se ve el cambio de la Sección Escuela Santísima Trinidad en Guayabal, Medellín. Fotos: cortesía y EL COLOMBIANO.
  • El antes y el después: Medellín invierte $1,2 billones para dejar como nuevos sus 421 colegios
  • 12.500 millones de pesos en total ha invertido la actual administración para renovar la I.E. Gilberto Alzate Avendaño. Foto: Julio César Herrera
    12.500 millones de pesos en total ha invertido la actual administración para renovar la I.E. Gilberto Alzate Avendaño. Foto: Julio César Herrera
  • El antes y el después: Medellín invierte $1,2 billones para dejar como nuevos sus 421 colegios
  • La I.E. Marco Fidel Suárez, en Belén, sigue en obra, pero ya profesores y estudiantes ven la gran mejoría. Foto: Julio César Herrera.
    La I.E. Marco Fidel Suárez, en Belén, sigue en obra, pero ya profesores y estudiantes ven la gran mejoría. Foto: Julio César Herrera.
  • Recientemente, entregaron la Sección Escuela Santísima Trinidad. Foto: cortesía.
    Recientemente, entregaron la Sección Escuela Santísima Trinidad. Foto: cortesía.
hace 7 horas
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“Acá nos toca poner cuadros para tapar las humedades en los muros”, dijo Valentina Peláez, estudiante y contralora de la Institución Educativa Javiera Londoño en Boston, delatando el descuido de su colegio, sin saber que muchos otros en la ciudad pasaban por afugias similares. Era mayo de 2022 y Medellín apenas comenzaba a notar lo que llevaba años ignorando: sus escuelas públicas se caían a pedazos.

En aquel momento, según diagnósticos de la Secretaría de Educación, nueve de cada diez sedes tenían algún tipo de deterioro en su infraestructura. Además, entre 2021 y comienzos de 2023, al menos 70 de ellas sufrieron emergencias graves.

En la Institución Educativa Doce de Octubre, el colapso de un techo dejó 16 estudiantes lesionados; en la Diego Echavarría Misas, en Castilla, dos vigas sostenían provisionalmente un pasillo del segundo piso que amenazaba con venirse abajo.

Mientras tanto, en la Gilberto Alzate Avendaño, de Aranjuez, la severidad de la humedad obligó a clausurar cinco aulas y una sala de profesores, provocando que cerca de 200 de los 900 alumnos de la mañana dejaran de ir a clases.

Hoy, tres años después, esa realidad empieza a cambiar. La administración del alcalde Federico Gutiérrez puso en marcha la mayor inversión en infraestructura educativa en la historia de Medellín: $1,2 billones destinados a intervenir las 421 sedes públicas del Distrito con megacolegios nuevos, renovaciones profundas, mantenimientos generalizados y una dotación integral de mobiliario y tecnología.

Una deuda acumulada

Para entender el tamaño del problema que heredó la administración actual hay que retroceder a ese 2022. En ese momento, el Concejo de Medellín le aprobó a la administración de Daniel Quintero vigencias futuras por $319.000 millones para intervenir el 95% de los establecimientos educativos de la ciudad. La comunidad educativa se ilusionó Los rectores respiraron. Los padres de familia dejaron de perder el sueño por unos días.

Pero siete meses después de la aprobación, en marzo de 2023, 398 colegios seguían esperando que las obras comenzaran. Para cuando empezaron a ejecutarse, lo hicieron en medio de escándalos: 29 de los primeros contratos habían sido entregados a dedo, muchos sin cláusulas penales, lo que dejaba al Distrito sin herramientas reales para presionar a los contratistas incumplidos.

Cuando la administración de Gutiérrez recibió la ciudad en enero de 2024, encontró que ninguno de los 187 colegios que debían haber sido entregados a finales de 2023 había concluido sus obras. El retraso era del 77%. Tampoco habían pagado los servicios públicos de octubre, noviembre y diciembre. Los contratos de aseo de varios colegios estaban vencidos o sin renovar.

“Nosotros recibimos la ciudad con el 95% de la infraestructura educativa con serios problemas”, reconoció el propio alcalde Gutiérrez al presentar el balance de sus primeras intervenciones.

La secretaria de Educación, Carolina Franco Giraldo, explica esos problemas en ejemplos concretos: “Teníamos dificultades de infraestructura en muchas de nuestras 421 sedes educativas. Los rectores pedían principalmente soluciones a humedades, filtraciones, mantenimiento de cubiertas, redes eléctricas e hidrosanitarias, pisos, pintura, fachadas, baterías sanitarias, baños en muy mal estado, cerramientos, restaurantes escolares, aulas y bibliotecas”.

El plan de tres frentes

Según explicó Franco a EL COLOMBIANO, la administración diseñó una estrategia dividida en tres tipos de intervención. El primero: la construcción de diez megacolegios nuevos, con presupuesto asignado de $415.980 millones solo en obra, más $56.786 millones en diseños.

El segundo: 100 renovaciones mayores, es decir, remodelaciones profundas de colegios existentes, con $106.059 millones ejecutados a través de la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU) y $21.422 millones adicionales contratados directamente por la Secretaría.

El tercero: mantenimientos preventivos y correctivos en todas las sedes, con $388.793 millones en vigencias futuras y $39.648 millones adicionales solo para 2026.

A esto se sumó un componente que en anteriores administraciones había sido el gran ausente: la dotación. No bastaba con arreglar las paredes si adentro seguían los mismos pupitres desvencijados de hace treinta años.

Hasta la fecha se han entregado dotaciones integrales en 172 instituciones educativas: 82.854 sillas individuales, 4.263 elementos de material pedagógico, 3.475 elementos para bibliotecas, 1.367 aulas completas, 325 restaurantes escolares equipados de nuevo, 200 ambientes de oficinas administrativas y 124 sedes con dotación deportiva. La inversión total en dotación asciende a $82.129 millones.

“Todo es como un sistema. Si tú tienes una buena infraestructura, te sientes bien en el colegio. Parte de la motivación es que sean unos espacios muy lindos para nuestros estudiantes y nuestros profesores. Que no se nos vayan”, explica la secretaria.

Al corte de septiembre de 2026, la Secretaría reporta 364 obras terminadas en mantenimientos, 13 colegios en obra por renovaciones con la EDU, 12 en renovaciones contratadas directamente, 7 en mantenimientos en curso y 6 en mejoramientos activos. Todos los contratos tienen fecha de finalización en 2027. La contratación de los recursos ya supera el 90% por ciento del total presupuestado.

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Infográfico
El antes y el después: Medellín invierte $1,2 billones para dejar como nuevos sus 421 colegios

El caso de la Gilberto Alzate

A pocas cuadras de la Avenida Regional, en el barrio Aranjuez, la Institución Educativa Gilberto Alzate Avendaño lleva cerca de 67 años siendo parte del paisaje urbano de la comuna 4.

Humberto Antonio Bermúdez Cardona la conoce desde 1980, cuando era estudiante. Hoy es su rector, con 32 años de labor en la institución y a punto de jubilarse.

“Este colegio lo conocí como estudiante y ya entonces estaba muy decaído en la parte estructural, en la parte ambiental. Le daba tristeza verlo porque no dignificaba la condición y la vida de los estudiantes y maestros. Veía uno musgo en los muros, deterioro, humedades en los techos, zonas verdes muy mal mantenidas, aulas en difíciles condiciones de energía. Las unidades sanitarias también con poca higiene y en general la estructura muy debilitada, muy colapsada”, recuerda Bermúdez.

Esas condiciones generaron, durante años, problemas de salud entre estudiantes y docentes.

Hace apenas cinco años, el Dagrd (Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastre) ordenó el cierre temporal de varias aulas por posibles afectaciones a la salud derivadas del moho y las filtraciones continuas de agua. “No solo era el riesgo para la salud, sino el peligro ante un posible colapso. Nosotros trabajamos en muy malas condiciones y a pesar de ello, nunca dejamos de dar clases. Los maestros demuestran un estado de resiliencia muy grande”, dice el rector, recordando las épocas difíciles a las que se tuvieron que adaptar.

El antes y el después: Medellín invierte $1,2 billones para dejar como nuevos sus 421 colegios

La espera fue larga. El colegio estuvo incluido en los planes de restauración de la administración anterior, en el marco de las alianzas público-privadas con el Gobierno Nacional, pero esos recursos nunca llegaron.

Fue solo con la nueva administración que la inversión se materializó: $12.500 millones en total, destinados a construir la placa deportiva, adecuar pisos, laboratorios y baños, renovar redes eléctricas, techos, restaurante y red de gas. Un mejoramiento integral que transformó el lugar físicamente.

Bermúdez dice que él propuso la intervención por bloques, para no interrumpir las clases ni poner en riesgo a los estudiantes. “Cerrábamos un bloque, hacíamos la intervención y podíamos mantener clases casi con normalidad en el resto. Cuando pudimos usar los espacios renovados, fue una alegría muy grande para toda la comunidad educativa”.

Él resalta mucho la resiliencia de los profesores y estudiantes, contando que aunque estuvieran apeñuscados, no se quejaban con la conciencia de que el esfuerzo que hacían con paciencia se convertiría, después, en la oportunidad de estudiar en espacios dignos para muchos jóvenes.

Hoy, la Gilberto Alzate tiene nuevos espacios deportivos al aire libre, una zona de tenis, mesas de ajedrez, canchas de voleibol completamente renovadas y un gimnasio.

Con estos nuevos espacios deportivos llegó también la posibilidad de que más estudiantes encuentren espacios de entrenamiento. Así fueron llegando los trofeos de competencias del Inder que se ganan cada año y poco a poco van llenan los nuevos anaqueles.

También hay detalles fundamentales. El rector recuerda que la contaminación sonora de la vía principal antes convertía las aulas en espacios insufribles, pero ahora se redujo a la mitad gracias al cambio de ventanas.

Pero quizás lo que más revela el espíritu de esta comunidad son los tres perros que viven en el colegio. “Las mascotas han sido una tradición”, explica el rector. “A través de ellas los niños aprenden a cuidar y querer los animales, para llevarlo después a sus hogares. Los perros anteriores murieron de ancianos aquí. Cuando ellos fallecieron, fuimos a la perla y adoptamos nuevas mascotas”.

Con la renovación, los animales tienen su propio espacio, con camas y comederos. Circulan libremente por el colegio. “Los niños los protegen, los quieren y los cuidan. Ya es una cultura”.

Queda pendiente, con $600 millones adicionales de la EDU, la renovación de la fachada. “Después de eso, el colegio va a quedar como nuevo”, asegura Bermúdez, con la satisfacción de quien llevó una institución desde la vergüenza hasta el orgullo.

12.500 millones de pesos en total ha invertido la actual administración para renovar la I.E. Gilberto Alzate Avendaño. Foto: Julio César Herrera
12.500 millones de pesos en total ha invertido la actual administración para renovar la I.E. Gilberto Alzate Avendaño. Foto: Julio César Herrera

El caso de la Marco Fidel

En la calle de la historia de la ciudad, la Institución Educativa Marco Fidel Suárez tiene una ubicación especial. Este es uno de los colegios más emblemáticos de Medellín. Fundado hace más de un siglo, su nombre está ligado a generaciones de antioqueños.

Pero su infraestructura no fue al compás del devenir generacional: empezó a sufrir hundimientos de suelos, grietas por todos lados, paredes y techos endebles y un sistema de acueducto y alcantarillado que llegó al límite.

En marzo de 2023, cuando EL COLOMBIANO recorrió sus pasillos, el rector Ignacio Gutiérrez Piedrahíta describía con paciencia de cirujano la lista de intervenciones necesarias: cambio total del sistema de acueducto y alcantarillado, nuevos pisos, techos impermeabilizados, modernización de aulas.

El caso era tan grave que todavía había techos de asbesto. Este material fibroso se popularizó como insumo de construcción desde la revolución industrial, por su bajo costo y su capacidad aislante. Cuando este se deteriora o se rompe, puede causa inhalación de micropartículas que, en exposiciones prolongadas o altas concentraciones, puede causar diversos tipos de cáncer o asbestosis, una enfermedad pulmonar crónica e irreversible.

Además de esto, también estaba la humedad y los hongos, que eran los compañeros silenciosos y malignos de cada jornada escolar.

El antes y el después: Medellín invierte $1,2 billones para dejar como nuevos sus 421 colegios

Hoy, en cambio, los profesores con más antigüedad en el plantel describen esa transformación en curso con una mezcla de alivio y expectativa.

Margarita Escobar Bran, docente de educación física con 23 años en la institución y la única mujer que ha ocupado ese cargo en el colegio, recuerda también que las ventanas mal ubicadas que canalizaban la lluvia hacia adentro. “Cuando llovía y estaban dando clase, los salones se inundaban. El piso se llenaba de agua porque las ventanas estaban al revés”, cuenta.

Pita, escuchando a su compañera, y añade que “había veces en que el aguacero era muy fuerte y para salir había que esperar que bajara el agua y ponerse botas para poder cruzar. Se inundaban los parqueaderos, los pasillos”.

José Ramiro Ceballos, licenciado en lengua castellana con 25 años en el plantel, añade que los salones eran oscuros y con muy poca ventilación.

Vilma Pita es profesora de inglés, tiene más de 35 años en el colegio. Es actualmente la profesora que más años lleva trabajando en la institución. Ella estuvo desde que la institución era masculina y vivió el cambio cuando pasó a ser un colegio mixto.

Recuerda el espíritu agitador que caracterizó a la institución de muchos años y los hechos de inseguridad que vivían durante la época de más violencia en Medellín.

La situación social del colegio fue difícil en los años más violentos de Medellín. Según los relatos, llegaban agentes externos de la calle, encapuchados y hacían formaciones dentro del colegio. “No había voz de profesor, de coordinador, ni de rector que valiera”, recuerdan. Pita recuerda incluso que los salones tenían grafitis por dentro.

Fue la rectora Lucila Santa María quien cambió ese capítulo: “Ella puso el colegio en orden, lo volvió mixto, implementó el uniforme y las cosas cambiaron en su totalidad”.

Hoy el Marco Fidel está en plena obra. Los salones tienen mejor iluminación, los corredores se renovaron, las canchas están siendo reacondicionadas. Actualmente están haciendo trabajos, como cerrados con mallas o demás.

Los docentes son conscientes de que aún quedan falencias. Según cuentan, algunos corredores se mojan con las lluvias, y hay debates sobre las rejas instaladas en los patios que consideran que pueden generar problemas de evacuación en caso de emergencia.

Lo que el colegio sí tiene ahora es esperanza. Pita incluso considera que cosas que parecen tan sencillas como un cambio de color, de un verde y beige que había, a un color azul celeste con blanco, generan más “tranquilidad” en la sede.

La institución tiene cuatro medias técnicas —construcción, medio ambiente, diseño y educación física— que están atrayendo nuevos estudiantes. “Estamos avanzando en lo académico y en lo pedagógico. Esperamos que los jóvenes y nosotros podamos ver una renovación completa, tanto en la parte estructural como en la académica”, dice Pita, quien junto a Ceballos también resalta que han recibido dotación nueva que les ha ayudado en sus procesos de enseñanza.

La I.E. Marco Fidel Suárez, en Belén, sigue en obra, pero ya profesores y estudiantes ven la gran mejoría. Foto: Julio César Herrera.
La I.E. Marco Fidel Suárez, en Belén, sigue en obra, pero ya profesores y estudiantes ven la gran mejoría. Foto: Julio César Herrera.

Caso crítico: La Javiera Londoño

El barrio Boston tiene en la Institución Educativa Javiera Londoño uno de sus referentes más reconocidos. Con cerca de 1.600 estudiantes y una historia que sus propios rectores defienden con orgullo, la Javiera fue también uno de los epicentros de la crisis de infraestructura educativa que estalló en 2022.

Fue aquí donde Valentina Peláez, la estudiante contralora, dio aquella frase que resumió el estado de los colegios públicos de Medellín.

Y fue aquí donde, en mayo de ese mismo año, un estudiante resultó herido después de que parte de un techo le cayera encima. Cuatro aulas tuvieron que cerrarse. Los estudiantes incluso salieron a paro. Luego, las historias de pequeños arreglos mal hechos se fueron acumulando durante años en los testimonios de quienes vivían el colegio cada día.

En este caso, la secretaria de Educación explicó que la intervención llegó en dos momentos. Primero, realizaron un mantenimiento de $1.000 millones para atender lo más urgente: la placa deportiva, los baños, las redes eléctricas, los techos y las puertas. Luego, la institución quedó incluida en el grupo de renovaciones profundas con $2.700 millones adicionales para modernizar los espacios.

“En la Javiera también, como en la Diego Echavarría, tuvimos un primer momento de obras generales, y también está en este momento en el grupo dos de renovaciones, con $2.700 millones para modernizar los espacios”, confirma Franco.

El colegio ya fue entregado y los estudiantes ya recorren y aprenden en el nuevo plantel. La secretaria lo menciona entre los casos más satisfactorios del proceso, pues este era uno de los colegios más críticos en deterioro de infraestructura: “También entregamos la Javiera Londoño, que era una de las instituciones que estaba en un deterioro muy grande”.

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La Diego Echavarría Misas

Al otro lado del río, en el barrio Castilla, en la comuna 5, la Institución Educativa Diego Echavarría Misas fue durante años otro de los casos más críticos de la ciudad. En mayo de 2022 llegó incluso a permanecer cerrada por no ofrecer garantías de seguridad: un pasillo del segundo piso era sostenido apenas por dos vigas.

Los padres de familia llegaron a poner plata de sus propios bolsillos para llevar los materiales de construcción y atajar los problemas.

El rector de entonces, César Ceballos, señaló entonces que los arreglos superaban los $190 millones anuales que la institución recibía para mantenimiento. Aseguró que se necesitaban al menos $3.000 millones.

Ante esto, los padres de familia asumieron el esfuerzo de invertir en obras de contención ante el abandono de la administración: “Si a la alcaldía le quedó grande atender esto, nosotros metemos plata porque el colegio nos duele” resumieron.

Hoy, la nueva historia se debe contar en capas. Primero llegaron $2.400 millones para una intervención integral —placa deportiva, baños, redes eléctricas, techos, puertas, ventanas, humedades—. Y sobre esa base, hay $2.100 millones más en ejecución actual a través de la EDU para una segunda etapa de modernización de espacios.

“La Diego Echavarría Misas tuvo una intervención ya terminada de $2.400 millones con esos criterios de priorización, y está ya en ejecución con $2.100 millones más por la EDU”, explica Franco.

La división de las obras en dos etapas se debe a que entre los criterios de priorización estaba la seguridad como primer punto.

Cómo se priorizaron obras

Uno de los aspectos más complejos del plan fue, precisamente, esta priorización: con 421 sedes y presupuesto que llega por cuotas anuales, había que tomar decisiones difíciles.

“Los equipos de infraestructura hicieron visitas a todas las 421 sedes, donde revisaban todo el componente arquitectónico, estructural y de ingeniería. De acuerdo a eso se establecieron niveles de complejidad y se determinaron las soluciones que a cada colegio le correspondían”, explica Franco.

El criterio principal siempre fue el riesgo. “Primero: que no pase nada a ninguno de nuestros estudiantes. Que no tengamos accidentes. Posteriormente, todo lo del nivel estético. Por eso dejamos las fachadas para el último paquete, porque la estética es muy importante, pero es más importante lo estructural”. Este es el caso de la Gilberto Alzate, que aunque ya tuvo obras, aún le queda una que es la fachada.

Las redes eléctricas e hidrosanitarias, que eran obsoletas en casi todos los colegios por su antigüedad, fueron prioridad. “Si tienes la red vieja de voz y datos, no puedes instalar un buen internet. Empezamos con lo más profundo y después lo estético”.

El presupuesto se distribuye en los cuatro años de la administración: “La Secretaría de Hacienda nos fue dando plata en 2024, 2025, 2026 y 2027. De acuerdo a eso y al nivel de complejidad de cada institución, íbamos metiendo los colegios en contratos divididos en mantenimientos, en renovación, en ampliación o en construcción de nuevos espacios”.

La apuesta de los megacolegios

Los once megacolegios, que en un principio se contemplaron solo diez, son la joya de la corona del plan.

Son construcciones nuevas, diseñadas desde cero para responder a las necesidades del siglo XXI: aulas, laboratorios, espacios deportivos cubiertos, comedores, zonas de esparcimiento. El presupuesto solo en obra supera los $415.000 millones.

Al corte de este mes de septiembre de 2026, siete de los diez ya están en obra y tres esperan la licencia de construcción. Los que están en ejecución tienen cronogramas que, si se cumplen, permitirían entregas antes de que finalice la administración.

Los tres restantes, según proyecta la Secretaría, se entregarían entre el último trimestre de 2027 y el primer trimestre de 2028.

“Ya estamos en siete de los megacolegios en obra. Si se cumplen los cronogramas al pie de la letra, esos megacolegios se entregan”, asegura, y añade: “Tenemos la expectativa de entregar también el diseño de un undécimo megacolegio y dejar la financiación como parte de las vigencias futuras para Popular, en la comuna 1”.

Recientemente, entregaron la Sección Escuela Santísima Trinidad. Foto: cortesía.
Recientemente, entregaron la Sección Escuela Santísima Trinidad. Foto: cortesía.

Además de los megacolegios en construcción, la administración ya entregó renovaciones significativas que prácticamente equivalen a colegios nuevos: la Sección Escuela de la Santísima Trinidad en la comuna 15, Guayabal, es uno de ellos. Hace apenas 3 semanas e hizo la entrega oficial y más de 600 alumnos ahora están estrenando sede. Otros casos son la Diego María Gómez en Castilla, el Federico Ozanam, en Buenos Aires, que ya supera un 80% del avance de obras, y diversas sedes en San Antonio de Prado.

El problema del aseo

Uno de los episodios más bochornosos que vivió la ciudad durante la administración anterior de Daniel Quintero fue el de los colegios desescolarizados porque los contratos de aseo habían vencido y nadie los había renovado. Un problema que se habría resuelto simplemente con planificar las gestiones administrativas a tiempo, según cuenta la secretaria Franco.

“Cuando tienes servicios que no pueden parar, la figura que se usa se llama vigencia futura. La Secretaría de Educación en 2024 planificó bien y contrató el servicio de aseo y vigilancia por 30 meses, cubriendo hasta el 2027. Inclusive, antes de que nos vayamos, vamos a dejar ampliados esos contratos para que una próxima administración no esté sufriendo porque en enero les hayan dejado los colegios sucios y sin funcionamiento. Eso es nuestra gran responsabilidad”.

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Obras con estudiantes adentro

Uno de los grandes retos logísticos de un plan de esta magnitud es que, salvo en casos extremos, las obras se hacen con los colegios en funcionamiento. Los constructores trabajan en un bloque mientras los estudiantes aprenden en el otro. Es incómodo, es ruidoso, pero ha funcionado.

“Nosotros no podemos sacar a los estudiantes a menos que sea un caso muy extremo. Los constructores saben muy bien cómo hacer esa logística. Y lo que hemos encontrado en los estudiantes de Medellín y en los maestros es que cuando ven que viene una obra que les va a mejorar su colegio, tienen toda la colaboración, el sentido de pertenencia. Nadie se queja porque sabe que todo va a ser por su bienestar”, explica la secretaria.

El rector Bermúdez lo ilustra con el caso de la Gilberto Alzate: “Intervenimos primero un bloque, luego otro. Pudimos tener clases casi en su total normalidad. Cuando pudimos hacer uso de los espacios renovados, nos sentimos muy felices con el cambio tan significativo”.

La secretaria lo confirma con el ejemplo del Federico Ozanam: “Al colegio le ha tocado adecuarse internamente mientras está medio colegio en obra. Los muchachos están muy incómodos en el otro medio colegio. ¿Qué hemos encontrado? Una comunidad educativa receptiva que no se queja, resiliente, feliz de ver lo que se le está construyendo”.

La tarea que no termina

Uno de los riesgos de un plan de esta escala es pensar que se trata de un esfuerzo único: arreglar y ya. La secretaria Franco fue directa al respecto.

“El mantenimiento no es una cosa que se hace una vez. Esto es cíclico. Cada año van pasando cosas. Nosotros ya hemos tenido que ir interviniendo instituciones que en 2024 ya habían quedado listas y en 2026 vuelve y sale un problema. Los techos necesitan mantenimiento, las cubiertas. Es una cosa de todos los años”.

Sin embargo, afirma que lo que sí cambió es la lógica institucional: “La Secretaría de Educación volvió a tener una dinámica de que año a año le mete plata a esto para que no nos dejemos coger ventaja. Es muy distinto que le metas un poquito cada año, a que le dejes de meter cuatro años seguidos para que después la inversión y los problemas se tripliquen. Lo más valioso es que ya estamos en ciclos de trabajo por el mantenimiento de nuestras instituciones”.

421 instituciones intervenidas

“¿Cuánto del déficit de infraestructura se espera resolver en esta administración?”, le preguntamos a la secretaria, a lo que respondió: “Tenemos la expectativa de que en las 421 sedes haya mejoramientos. Hay unos que posiblemente no van a quedar como nuevos completamente, pero en las 421 va a pasar algo. Eso sí lo digo con toda seguridad. Van a quedar completamente funcionales. Lo que esperamos es que se note en el funcionamiento de estas instituciones y en la estética”.

Lo que queda pendiente, según los números, son los megacolegios que aún no han empezado obra —tres de los diez—, los mejoramientos de 2026 y 2027 que están en proceso de asignación de presupuesto, y la intervención de las fachadas, que la Secretaría dejó para el final precisamente porque la estética, siendo importante, no es lo primero.

Además, algunos casos de colegios que requieren repotenciaciones u obras de infraestructura por daños ocasionados por el destructivo terremoto que vivió el país el 10 de agosto de este año. La I.E. Compartir en San Antonio de Prado es uno de esos; necesita demoler y reconstruir la oficina de rectoría y mejoramientos en la cancha polideportiva. La licitación para dicha obra ya fue publicada y esperan iniciar labores en noviembre.

El rector Bermúdez, que lleva años dirigiendo y padeciendo el deterioro de su colegio, lo dice desde la perspectiva de quien lo vivió en carne propia: “En esta administración se dio continuidad a muchas obras que faltaban: el auditorio, algunos corredores, canchas, una plazoleta. Además, nos dieron todo el equipamiento para todas las aulas, las oficinas y dependencias. Creo que ha sido un esfuerzo grande de la última administración para que la educación se dignifique, para que los chicos tengan los colegios que se merecen”.

Y la secretaria Franco, desde el otro lado, lo resume sencillamente: “Encontramos una infraestructura educativa deteriorada y abandonada. Queremos dejar una infraestructura digna, bonita y funcional”.

La ciudad aún debe mirarse

Lo que queda de este recorrido no es solo el inventario de obras terminadas y presupuestos ejecutados. También es la certeza de que el estado de los colegios públicos es un termómetro de las prioridades de una administración.

En Medellín, ese termómetro marcó fiebre alta en los últimos dos años, llegando a necesitar cuidados intensivos. Los colegios se construyeron en los años 50, 60 y 70, y muchos nunca volvieron a recibir una inversión de fondo. La administración de Quintero intentó resolverlo con vigencias futuras pero lo ejecutó a medias y con irregularidades contractuales que derivaron en escándalos y retrasos que convirtieron una solución en un nuevo problema. Ahora, esta nueva administración recibió ese lío, lo saneó y puso en marcha el plan.

¿Es suficiente? Para los estudiantes de la Javiera que pusieron cuadros sobre las humedades, para los padres de familia de la Diego Echavarría que pusieron ladrillos con sus propias manos, para el rector Bermúdez que pasó 32 años en un colegio que solo ahora empieza a verse como debe verse, la respuesta puede ser que, aunque no llegó a tiempo, finalmente llegó.

Medellín, en materia de educación pública, no terminó de pagar su deuda. Pero por primera vez en mucho tiempo va a quedar al día.

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Bloque de preguntas y respuestas

¿Cuál es el presupuesto total destinado a la renovación de colegios en Medellín?
La administración distrital destinó $1,2 billones de pesos, considerados la mayor inversión en infraestructura educativa en la historia de la ciudad, de los cuales más del 90% ya se encuentra contratado.
¿Cómo se distribuyen las obras en los colegios de la ciudad?
El plan se divide en tres frentes principales. El primero es de 11 megacolegios nuevos, construcciones desde cero con una inversión superior a los $415.000 millones en obra. El segundo son 100 renovaciones mayores, remodelaciones integrales en los planteles con mayor deterioro estructural. Y el tercero es el m antenimiento en 421 sedes, arreglos preventivos y correctivos en redes hidrosanitarias, techos, cubiertas y fachadas.
¿Qué inversión se ha realizado en la dotación de las instituciones?
Se han invertido $82.129 millones en 172 instituciones, entregando 82.854 sillas individuales, equipamiento para 325 restaurantes escolares, 1.367 aulas completas, 3.475 elementos para bibliotecas y dotación para 124 sedes deportivas.
¿Qué pasó con los contratos de aseo y vigilancia escolar que causaron cierres en el pasado?
Para evitar la suspensión de clases por falta de insumos, la Secretaría de Educación garantizó vigencias futuras con contratos de aseo y vigilancia garantizados por 30 meses hasta 2027.

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