Cuando Isabel Allende vio la película que en 1993 protagonizaron Meryl Streep, Jeremy Irons y Winona Ryder basada en La casa de los espíritus, la novela que había publicado hacía once años, llegó a la conclusión de que no tenía “el sabor chileno que pensaba que le había dado al libro”. En cambio cuando le dio play a los primeros episodios de la nueva serie sintió que eso era lo que siempre debió haber sido.
La producción de Prime Video, que estrenó sus primeros tres capítulos el 29 de abril y que tendrá un episodio nuevo cada semana hasta el 13 de mayo, es la primera adaptación en español del libro que ha sido traducido a 42 idiomas y que ha vendido más de 70 millones de copias en todo el mundo.
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Contrario a la película de hace más de treinta años –época en la que para que una cinta tuviera éxito tenía que ser inglés y contar con estrellas de cine, como contó Allende en la presentación de la serie–, el rodaje se hizo completamente en Chile entre julio y noviembre de 2024 y contó con un elenco totalmente latinoamericano y, en su mayoría, femenino.
El único actor colombiano que hace parte de La casa de los espíritus es Juan Pablo Raba –que hemos visto en Los caballeros las prefieren brutas, Narcos, Distrito Salvaje–, quien interpreta al Tío Marcos, un viajero excéntrico por el que Blanca del Valle comenzó a consignar su vida en diarios, un punto clave de esta historia.
EL COLOMBIANO habló con Raba sobre su participación en esta producción.
Antes de hacer parte de La casa de los espíritus, ¿qué relación tenía con la novela de Isabel Allende?
“Me la leí hace más de 20 años. Después también leí Paula. Lo que me llama la atención es que, aunque no la tengo tan presente de esa época, ahora siento la necesidad de revisitarla. No pude estudiarla a fondo para el personaje porque estaba con otras dos producciones al mismo tiempo.
Sin embargo, tengo la certeza de que es una obra que, tal vez, es más actual hoy de lo que fue en su momento. Es profundamente necesaria en este contexto. Me llena de orgullo y satisfacción saber que tenemos esta pieza ahora, que puede servir como faro, como guía y como fuente de inspiración, no solo para generaciones pasadas, sino también para las presentes.
Porque, como se dice, quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Y esta no es solo una historia chilena, es una historia universal que debemos mirar con mucha atención”.
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¿Por qué considera que es una historia necesaria?
“Si piensas que es un libro vetado en muchos territorios, en varios países, y que hoy existen grupos que incluso plantean quitarle el derecho al voto a la mujer, entender de dónde viene esa lucha, cuáles han sido los sacrificios para llegar a donde estamos, se vuelve fundamental.
Esto no es algo del pasado: es parte de la actualidad. Por eso tenemos que estar presentes, al pie del cañón, y ser parte activa de esa lucha. Porque esto nos compete a todos. Luchar por los derechos humanos es, en esencia, un acto de humanidad. Y eso convierte a esta obra en algo profundamente importante y necesario hoy en día”.
El Tío Marcos, su personaje, tiene una particularidad bastante interesante y es que solo existe a través de Clara, ¿cómo fue el proceso para construir a alguien que depende de otro para ser visto por los espectadores?
“Qué maravilla, a mí me fascina. Hoy, después de tantos años de carrera, creo que disfruto muchísimo este tipo de personajes que, como dices, existen a través de los ojos de otros. Eso me da una libertad enorme.
Me ha pasado antes: hay personajes que construyo casi exclusivamente para resaltar la relevancia de otro dentro de la historia. Y eso me encanta, porque me ofrece una libertad artística que muchas veces es más limitada en los roles protagónicos. Entonces lo disfruto muchísimo.
Además, poder existir a través de la mirada de una actriz como Kika (Francesca Turco, quien interpreta a Clara niña)... si su personaje te parece encantador, no te imaginas lo que es en la vida real. Uno se derrite, se muere de amor viendo a ese ser humano con tanto talento, compromiso y capacidad.
E inevitablemente uno piensa: ‘Cuando sea grande, quiero actuar como ella, tener esa libertad en escena’. Así que es un orgullo y un honor poder trabajar de esa manera”.
Uno pensaría que cuando un actor de una trayectoria extensa trabaja con niños ese rol de “enseñanza” es unidireccional...
“Todo lo contrario, es como ser padre: uno a los hijos les enseña modales, les transmite una fe, además de valores como la ética y la moral. Pero al final son ellos quienes vienen a enseñarle a uno. Y tener la oportunidad de trabajar con esta niña, de verdad, con un talento tan natural...
Yo llevo años formándome y lo que ella trae a la mesa es algo que todavía viene crudo, pero profundamente auténtico.
Es una conexión directa con lo esencial, con esa ‘fuente’ de la que hablan. Lo de ella es completamente natural, mágico. Ella hace magia. Yo tengo que construirla; ella simplemente es magia. Es absolutamente maravilloso, y qué fortuna poder estar ahí, también, para aprender de ella”.
Detrás de La casa de los espiritus hay un equipo latinoamericano extraordinario, ¿con quién soñaba trabajar?
“Quiero trabajar con todos ellos otra vez, quizá con más profundidad. Yo soñaba con volver a colaborar con Andrés Wood porque, después de Noticia de un secuestro (fue su director y productor) de Prime Video, quedamos profundamente conectados, artística y personalmente. Siempre digo que mi carrera se divide en un antes y un después de Andrés, porque me enseñó a ver la actuación desde un lugar completamente distinto.
También quería reencontrarme con Rodrigo Basáez, director de arte de este proyecto, con quien ya había trabajado también en Noticia. Ellos dos son obsesivos con el detalle, casi enfermizos en ese sentido, pero ese nivel de precisión es lo que hace que todo tenga tanta fuerza.
Ojalá pueda volver a trabajar con todos. Siento que hicieron un trabajo precioso. Había un compromiso total. Fue muy bonito ir a Chile y verlo desde afuera, porque yo entraba y salía constantemente, y aun así podía percibir a todo el equipo tan involucrado, tan entregado a este proyecto. Fue realmente conmovedor”.
Además que contaron con la fortuna de que Isabel Allende estuviera involucrada en la serie...
“Sí, eso también puede jugar en tu contra. En este caso, creo que Isabel fue sumamente generosa. Ya había tenido la experiencia de trabajar con autores muy abiertos con sus obras, pero imagínate que el autor o la autora quisiera estar permanentemente en el set y no estuviera conforme con lo que ve: podría volverse una situación compleja.
Por eso, tener una relación tan cercana con quien escribe puede ser una espada de doble filo. Aquí, en particular, fue una gran ayuda y una fuente de inspiración para todos, porque había un respeto enorme por la obra y por la escritora”.
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Viene de protagonizar Delirio, la serie de Netflix basada en la novela homónima de Laura Restrepo. Teniendo en cuenta esas dos experiencias, ¿qué cree que le aporta el audiovisual a estas historias latinoamericanas?
“Espacio. El cine es precioso, pero, sobre todo si pensamos que muchas obras suelen tener una sola parte, el tiempo que ofrece es muy limitado.
Algo muy valioso de las plataformas en este momento es que nos dan más espacio para respirar las historias. Nos permiten contar relatos que antes se consideraban imposibles de llevar a una película, precisamente por su magnitud y complejidad.
En cambio, una serie con ocho episodios, por ejemplo, nos da el tiempo necesario para habitarlas, vivirlas y sentirlas. Y también nos permite demostrar que estas historias sí se pueden hacer”.
Bloque de preguntas y respuestas
- ¿Dónde ver la serie La casa de los espíritus?
- Está disponible en Prime Video, con estreno semanal de episodios desde finales de abril de 2026.
- ¿En qué se diferencia de la película de 1993?
- La serie apuesta por una producción latinoamericana, con mayor fidelidad cultural y narrativa frente a la versión cinematográfica.
- ¿Qué papel tiene Juan Pablo Raba?
- Interpreta al Tío Marcos, un personaje clave que conecta la historia familiar con los elementos mágicos del relato.
- ¿Por qué es importante esta adaptación?
- Porque recupera la identidad latinoamericana del libro y aborda temas actuales como memoria histórica y derechos humanos.