El Papa Francisco aterrizó en el aeropuerto Mariscal Sucre de Quito faltando 15 minutos para las tres de la tarde. Estaba llegando al punto más cercano al sol, como dijo más tarde en su discurso. En tierra, cuando bajaba por las escaleras del avión, una fuerte ventisca se llevó el solideo que lucía en su cabeza. Después del saludo protocolario con el presidente Rafael Correa, el Papa dijo las palabras que miles de creyentes ecuatorianos esperaban. Creyentes que desde la madrugada expresaron su gratitud con caravanas, canciones, oraciones y adornos florales.
“Siento alegría y gratitud al ver la calurosa bienvenida que me brindan en una muestra del carácter acogedor que tan bien define a las gentes de esta noble Nación”, reconoció el Papa en...