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Así es volver a Colombia huyendo del coronavirus

  • La mayoría de los nuevos casos de personas fallecidas se han registrado en Wuhan, la capital de la provincia de Hubei, el foco de la epidemia. FOTO Getty Images
    La mayoría de los nuevos casos de personas fallecidas se han registrado en Wuhan, la capital de la provincia de Hubei, el foco de la epidemia. FOTO Getty Images
  • Así es volver a Colombia huyendo del coronavirus
Por redacción actualidad | Publicado el 21 de febrero de 2020
en definitiva

La Fuerza Aérea de Colombia iniciará el sábado el viaje que traerá de regreso al país a los 14 connacionales que están en el epicentro del coronavirus. Ellos estarán aislados una vez lleguen.

Mi nombre es Mauricio Galvis, tengo 35 años. Nací en Barranquilla y llevo cinco años viviendo en Wuhan. Llegué a China porque me gané una beca para estudiar en la universidad local. Empecé una maestría en Derecho Internacional y ahora estoy terminando el doctorado.

Acá en China se vive en conjuntos cerrados. En el mío hay 32 edificios, es como una pequeña ciudad. Hay canchas, parques y dos lagos. Puedo salir del conjunto una vez cada tres días.

En la cuarentena me he dedicado a dibujar, pintar, toco guitarra, leo la tesis, escribo. Al principio fue duro el choque sicológico, fue complejo, me dije: ‘ok, vamos a dormir un poco más de lo normal y vamos a ver qué pasa’.

Claro, todo el mundo me pregunta qué si estoy comiendo bien. Sí, claro, tengo comida. Cuando se anunció la cuarentena merqué mucho. De hecho, a mí me da risa porque voy a salir gordo de acá. Lo primero que empezó a escasear fue la fruta. La última compra que hice fue las más dura porque me tocó a mí solo cargar todo, claro, yo iba por toda la ciudad con una bolsa de arroz de 10 kilos. En mi nevera tengo pollo y carne. Lo que no como hace mucho tiempo es cerdo porque lo quitaron de las tiendas.

De mis vecinos sé muy poco, obviamente nos hemos alejado. Entre más días de cuarentena, la gente es más ausente, más lejana, más reclusa. El problema al que nos estamos enfrentando es que uno no sabe quién está infectado y quién no, entonces cualquier cara –me da lástima decir esto– es sospechosa. Tengo miedo, eso es lo que pasa, tengo miedo.

Hoy estuve organizando papeles y la casa. Quiero dejarla limpia. Ya la evacuación se acerca y, si todo sale bien, estaríamos la otra semana en Colombia. Si todo sale bien, lograré montarme en el avión. Mi mamá dice que soy muy pesimista, pero hasta que no esté en el avión no canto victoria. Las embajadas han estado pendientes, además mi universidad, el Gobierno de Colombia y el de China, todos están atentos, pero la diplomacia no es rápida. Ahí vamos, viviendo día a día.

Entonces, he estado organizando mi morral, lavando la ropa, son 14 días de cuarentena entonces debo llevar todo lo necesario. En estos meses, además, dejé de ver noticias básicamente porque me saturó el tema. No quiero saber nada del coronavirus. Eso me venía generando estrés constante y no quiero. Mi preocupación es vivir.

En el avión podemos llevar una maleta grande y una pequeña. Mis papás son médicos y por eso voy a vivir esto con tranquilidad. He pasado mucho tiempo en hospitales. Si no estoy deprimido aquí, no creo que en Colombia me vaya a ocurrir, mi estado de ánimo ha estado bien, usted misma escucha que no dejo de reírme de lo que está pasando. Desde el primero de enero la vida se detuvo y estoy tranquilo. La última vez que salí a tomarme una cerveza fue un par de días antes del Nuevo Año Chino, el 25 de enero.

Del viaje sé poco y no he dejado de pensar en eso. Es más, tengo mis propias cuentas: son 30 horas. Entonces pongamos que salimos el 22 de febrero a la 1 de la mañana. Para mí ya es la una de la tarde del domingo 23 de Colombia. Es decir, que estaremos llegando a las 6 de la tarde del lunes. Esos son mis cálculos, no sé realmente qué vaya a pasar, no sé cuáles son las escalas. No tengo certeza.

La idea de salir evacuado no me convence porque me siento huyendo, y todavía tengo esperanza de que esto puede mejorar. Sin embargo, hoy entiendo que puede tomar más tiempo de lo previsto estar encerrado, entonces me montaré en ese avión. Por eso, hay júbilo en mi casa. La verdad es que he tenido renuencia a salir, no quiero verme huyendo.

Quiero que entiendas que este es mi segundo hogar, acá tengo mi vida. ¿Cómo voy a dejar mi vida tirada? El plan de volver a China existe. Lo que pasa es que no se sabe cuándo y eso es bastante amargo. No me he ido, y fíjate, ya entre mis sueños está el de volver, a este, mi hogar.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS ruta para la evacuación

Una tripulación de diez personas entre personal del Ministerio de Salud, la Cruz Roja y la Secretaría de Salud de Bogotá parten este 22 de febrero en un Boeing 767 de la Fuerza Aérea. Este equipo recogerá a las personas en Wuhan, quienes antes de subir a la aeronave deberán pasar controles médicos. El itinerario contempla dos escalas, una en Asia y otra en África, hasta llegar, probablemente, a Bogotá o Cali, en donde estarán en cuarentena durante dos semanas y bajo observación médica.

Los que se quedan en China

En el encierro el tiempo se detiene. Eso le sucede a Stiven Palacio, un paisa que vive en Shaoxing. Trabaja como bailarín, pero el 24 de enero la ciudad se detuvo, el club donde se presentaba cerró y él, con sus compañeros de apartamento y trabajo, terminó aislado en su habitación por tiempo indefinido.

Vive con cuatro latinos más. Después de 25 días recluidos en casa, solo se ven en la cocina y no median palabra, salvo para coordinar la alimentación. Solo una persona puede salir de cada vivienda con un carné especial que les dieron las autoridades chinas para comprar comida. Cada hora en la calle cuenta, si se tarda mucho, le llaman la atención, si sale a tomar el sol, llega un policía y lo amenaza con enviarlo a prisión porque la orden es clara: todos en modo retiro.

“Este encierro lo bloquea a uno. Quieres salir, sientes impotencia, pero sabes que en la calle te puedes contagiar. Acá solo ves pasar los días. Me siento enfermo, pero del estrés”, dice. Los minutos corren y el dinero se agota. El comercio se detuvo y no le han pagado el sueldo de enero. Si no fuera por los ahorros de los tres meses que lleva presentándose en el club, no tendría con qué mercar.

La ayuda del Gobierno no llegó para ellos, solo para los 14 de Wuhan. Y quedan al menos otros 539 más con la vida detenida en China. Ese número es incierto porque solo se tiene la cifra de los que están en el registro consular. Para la muestra de cuántos pueden ser, un dato: en un grupo de Facebook de Colombianos en China están más de 3 mil.

En la incertidumbre

Jairo Cocunubo habla desde su cuarentena. Es una habitación, con cocineta, lavadora y cama en donde el domingo cumplirá los quince días de clausura que le pide la ley para asegurarse de que no está contagiado. Todo comenzó con su viaje a Vietnam para vacaciones. La epidemia del coronavirus estalló y al regresar a casa el hecho de haber pasado por un aeropuerto y su trabajo como profesor lo obligaron a aislarse.

Tomó el tren rumbo al colegio-internado en el que da clase de Ciencias en inglés. No había nadie en el vagón. Las estaciones funcionaban, pero el coche fue únicamente suyo por ese trayecto. Llegó al edificio de la escuela, no había nadie más. Le llevaron un mercado y ahora pasa su tiempo enseñando por internet hasta que se cumpla el día 15: el momento en el que cae el último grano del reloj de arena de un virus que indica que ya se está libre de contagio.

Mauricio contará las horas de su regreso a Casa. Stiven, los minutos bajo el sol con la excusa de mercar. Jairo, la asistencia virtual de sus alumnos a un curso que se quedó sin aulas por un virus con una mortalidad del 2,4 %, pero que ya suma 75.765 enfermos en 27 países. En medio de sus historias y las de otros está un interrogante: ¿Hasta cuándo seguirá la emergencia por el coronavirus?

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