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En lugar de jefes de Estado, este año el Comité Noruego premió dos luchadores contra la violencia sexual.
Las historias de las dos personas que recibieron el premio Nobel de Paz este año transitan por lo peor de la condición humana. Podrían bastar para perder la fe. Pero ellos dos no lo hicieron y esa es la razón por la que fueron reconocidos.
Se trata de Nadia Murad, una iraquí de la minoría religiosa yazidí que fue esclava del Estado Islámico, y Denis Mukwege, un ginecólogo que ha reconstruido los estragos de las violaciones de miles de mujeres en el Congo.
Ambos han combatido la violencia sexual como “arma” de guerra. Jerónimo Delgado, docente de estudios africanos de la Universidad Externado, explica que es una estrategia común para “disminuir la humanidad del enemigo”.
En Irak, el caso de Murad, esta práctica tiene un componente religioso:...