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Iglesia ve en la pena de muerte algo del pasado

El Sumo Pontífice logró una modificación histórica de la doctrina católica con su defensa de la vida.

  • El Papa Francisco deploró la pena de muerte. FOTO: EFE
    El Papa Francisco deploró la pena de muerte. FOTO: EFE
03 de agosto de 2018
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El Papa Francisco modificó ayer el Catecismo para declarar “inaceptable” la pena de muerte en el mundo y anunciar una Iglesia Católica comprometida con la abolición de este castigo.

“La Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo”, reza la modificación al artículo 2.267 del Catecismo —libro doctrinal del catolicismo—, que fue presentada ayer en el Vaticano por el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Luis Ladaria Ferrer.

¿Cómo una Iglesia que durante siglos no se opuso directamente a tal práctica y que, incluso, la llevó a cabo durante la Edad Media y la conquista de América, ha dado tal viraje? La propia modificación explica su argumento.

“Durante mucho tiempo el recurso a la pena de muerte por parte de la autoridad legítima, después de un debido proceso, fue considerado una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común. (...) Pero hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves y se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado”.

“Se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, pero que, al mismo tiempo, no le quitan al reo la posibilidad de redimirse definitivamente”, agrega.

Otro escalón en las reformas

En diálogo con EL COLOMBIANO, José Manuel Vidal, experto vaticanista y director del portal Religión Digital, consideró que el Papa Francisco se anota así otro triunfo de su pontificado, con un legado del que está lejos de entreverse su magnitud.

“Francisco siguió la estela ya dejada en ese sentido por Juan Pablo II y Benedicto XVI, pero con la diferencia de que ninguno de ellos, a pesar de que expresaron de mayor o menor modo su oposición a esta práctica, tocaron la doctrina de la Iglesia, que es el paso decisivo porque es modificar la idiosincracia del clero sobre la vida misma. Es por tanto un gesto histórico que abre una grieta para ahondar en otras reformas mucho más difíciles”, explicó.

Esto toda vez que no se trata de un tema polémico o problemático dentro de la Iglesia, como sí lo viene siendo la necesidad de una reforma respecto a otros temas como “la moral sexual, el celibato, la participación de la mujer. Esos son los temas prioritarios, pero con lo de la pena de muerte se puso un ladrillo fundamental para llegar a ello. Por primera vez se toca la doctrina, eso es lo histórico y suma, porque si esto se puede cambiar, en otras cosas se podrá hacer lo mismo”.

El dedo en la llaga

Tal como argumentó la Iglesia en su modificación a la Catequesis, está para ella demostrado que existen métodos mejores de castigo que dejen la posibilidad a quienes cometieron graves crímenes de redimirse. En ese orden de ideas, ¿qué tan necesario aparece para las sociedades contemporáneas el castigo capital, y qué opinan los expertos de ese argumento?

Para Alfredo Rangel, exsenador y experto en temas de seguridad, “la modificación hecha por el clero no solo es consecuente con sus principios, sino que interpreta la realidad sobre la pena de muerte. No ha demostrado ser, en ningún país, la gran solución para combatir temas de criminalidad”.

“En Estados Unidos, la pena de muerte se ha utilizado sin mucho éxito para reprimir crímenes atroces. Su caso es emblemático porque de ningún modo ha logrado deshacerse de los asesinos seriales y de las masacres. En China se utiliza de manera muy profusa para combatir el narcotráfico, mientras que estos delitos siguen creciendo y el comercio se fortalece. Es evidente que la pena de muerte no ha sido eficaz”, agregó.

Para el analista político, el futuro de la aplicación de la ley contempla un mayor impacto con un castigo de cadena perpetua, que se adecúa a la gravedad de los crímenes cometidos por la persona en cuestión.

De cualquier forma, lo hecho por la Iglesia católica en la era Francisco parece apenas un comienzo tardío en un mundo en el que 53 países mantienen vigente el mecanismo de la ejecución de reos como una forma de castigo, e incluso de escarmiento, muchas veces con matices politizados y distantes de cualquier consideración respecto a la justicia.

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