En los pasillos de la Casa Blanca o sobre el césped de los campos de golf en Escocia, hay una figura infaltable a pocos pasos de Donald Trump. Se trata de una mujer esbelta, de cabello rubio platinado, que lleva siempre una impresora portátil. Se trata de Natalie Harp, de 35 años, cuyo cargo formal es el de asistente especial y ejecutiva del presidente de los Estados Unidos, pero a quien dentro del círculo del mandatario se le conoce informalmente como la “impresora humana”.
Esta mujer, cobijada por un manto de misterio y de quien se sabe muy poco, está en todos los medios de Estados Unidos esta semana por dos motivos. El primero es que Donald Trump y el equipo de la Casa Blanca arremetieron contra una periodista de CNN luego de que preguntara sobre su relación con el presidente; pues se supo que Harp fue una de las pocas asistentes que acompañaron a Trump durante el cambio secreto de aviones Air Force One en un vuelo desde Turquía en julio.
La segunda razón es que se conocieron apartes de cartas que la funcionaria le escribe a Trump.
Harp no es una funcionaria convencional. Opera completamente al margen de la cadena de mando tradicional, sirviendo como un canal de información directo e influyente para el presidente. Es ella quien le suministra datos, noticias e impresiones sin filtro —muchas veces extraídas directamente de las redes sociales— y quien permanece a su lado hasta altas horas de la noche redactando publicaciones o acompañándolo en trayectos estratégicos como el Marine One o el contingente de seguridad en viajes internacionales.
Esa cercanía adquiere otro cariz luego de que se conocieran la cartas que Harp le escribe a Trump. En una de las cartas, a la cual se tuvo acceso tras revelaciones periodísticas, Harp dejó evidencia de la intensidad de su entrega y la presión con la que vive su labor al lado del magnate republicano: “También lamento si fui una vergüenza caminando por el campo en Escocia”.
En el mismo texto, la asistente profundiza en el impacto que su trabajo tiene en su rutina diaria y en su salud personal, reflejando un grado de devoción que ha desconcertado incluso a sus colegas del Ala Oeste: “Quiero que las cosas siempre estén bien entre nosotros. También sé que he estado distraída toda la semana (olvidándome de comer durante los días, e incluso olvidándome de dormir, y solo durmiendo un par de horas seguidas)”.
La misiva concluye con un cierre que sintetiza el vínculo emocional y la lealtad total que la une al presidente: “Con todo mi corazón, Natalie”.
Esta costumbre de redactar cartas a figuras del poder ejecutivo no es un fenómeno reciente. Según declaraciones dadas a la cadena CNN por su propio hermano, de quien se encuentra distanciada, esta conducta se remonta a su adolescencia: “Diría que desde que tenía, como 16 años, ha tenido una obsesión con, um, Dios, ¿cómo explico esto? Um, le ha escrito cartas a otros presidentes, dejémoslo así”, afirmó, haciendo referencia a misivas previas enviadas al expresidente George W. Bush.
Sin embargo, la conexión con Donald Trump trasciende la admiración política tradicional: para Harp, se trata de una deuda de vida. Diagnosticada en el pasado con un agresivo cáncer de huesos, ha asegurado públicamente que la ley Right to Try (Derecho a intentar), firmada por Trump en 2018 para permitir a pacientes terminales el acceso a tratamientos experimentales, fue el factor determinante para su supervivencia. “La estaban preparando para la muerte... y debido al ‘derecho a intentar’, ahora está viva”, diría el propio Trump al presentarla en un evento de la Coalición Fe y Libertad en 2019.
Desde aquel encuentro, Harp pasó de ser una ferviente seguidora a presentadora en la cadena ultraconservadora OANN —donde defendió acérrimamente las narrativas del fraude electoral de 2020—, hasta integrarse formalmente al equipo personal de Trump en 2022.
Hoy, con un salario de 150.000 dólares pagado por los contribuyentes norteamericanos, Harp representa la máxima expresión del círculo íntimo del mandatario: una guardiana incondicional que, en palabras atribuidas al propio Trump ante sus colaboradores, es de las pocas personas que lo quiere con la misma devoción que su propia familia.
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