La vocación hacia el mar del suboficial Celso Vallejos, uno de los tripulantes del submarino argentino ARA San Juan, surgió en la infancia como una herencia de su padre, un excombatiente de marina. Era de alguna forma la pasión por lo desconocido. El océano, incluso con los descubrimientos de las últimas décadas, sigue siendo un mundo que no nos pertenece, que algunos –los marines, los pescadores, los buzos– exploran sin intención de permanecer. Un mundo peligroso, que a veces no devuelve a quienes se adentran en él, como sucedió con Celso y las otras 43 personas que iban a bordo del San Juan el 15 de noviembre de 2017.
Aún no hay registro del paradero del submarino un año después de que perdiera contacto mientras navegaba el Golfo de San Jorge,...