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Después de 389 días de misión en el Polo Norte, la expedición Mosaic, la más grande jamás realizada en el Ártico, volvió con malas noticias para el mundo.
Los científicos evidenciaron que el hielo marino ártico se retiró más rápido durante la primavera 2020 que cualquier otro año del que se tenga registro. Además corroboraron que la propagación del hielo marino en el verano era apenas la mitad de grande de lo que era una décadas atrás.
Estos primeros hallazgos, analizados desde octubre –cuando finalizó la misión– hasta ahora, sugieren, según explicó en rueda de prensa la semana pasada el jefe de la expedición, Markus Rex, la llegada a un punto de no retorno hacia un calentamiento irreversible.
“La desaparición de la banquisa de verano en el Ártico es uno de los primeros puntos de no retorno que evidencia cuando hemos llegado demasiado lejos en el calentamiento climático”, explicó el científico.
Hacía apenas tres semanas, el director de la Organización Meteorológica Mundial de la ONU –OMM–, Petteri Taalas, había señalado que existe un 40 % de probabilidad de que en los próximos 5 años la temperatura promedio del planeta supere temporalmente los 1,5°C, es decir, significaría que el Acuerdo de París se asoma al abismo, pues este plantea “hacer lo necesario” para limitar el aumento de temperatura justamente a 1,5°C y “bien por debajo” de los 2°C respecto a la era preindustrial.
Sin adornos, Taalas señaló que los países marchan a un ritmo riesgosamente lento hacia el verdadero cumplimiento de las metas de reducción de gases de efecto invernadero y la neutralidad de carbono.
El director del Foro Nacional Ambiental señala que aunque la posición del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, de liderar la cruzada global en favor del medio ambiente es esperanzadora, no ve muy claro que pueda tener los efectos oportunos, teniendo en cuenta que “le toca remar para revertir las consecuencias de las decisiones tomadas por Donald Trump en materia política, económica e industrial, que trastocaron las reglas de juego en el panorama global”.
De todos modos, de acuerdo con la mirada del docente en la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, Rubén Sánchez, el viraje de Estados Unidos en favor de la defensa del medio ambiente y el desarrollo sostenible sí tiene efectos concretos en la cooperación internacional.
“La banca multilateral (el Banco Interamericano de Desarollo - BID- y el Banco Mundial) se alinean a la postura de Estados Unidos. En tal sentido, los países en vía de desarrollo que busquen integración e impulso financiero deben sincronizar sus políticas internas con la agenda ambiental global que plantea Estados Unidos”, explica Sánchez.
Efectivamente, en el Marco de Política Ambiental y Social del BID que entrará en vigor a finales de 2021, la entidad marca cambios sustanciales en los requisitos para financiación de proyectos.
Sin embargo, el panorama no es tan fácil. Sandra Vilardy, directora de Parques Cómo Vamos, señala que es apenas normal que los esfuerzos globales no funcionen si al interior de los países, en sus planes de desarrollo y políticas, el tema ambiental sigue sin verse con un enfoque transversal. ¿Cuánto espacio tiene el medio ambiente en la discusión fiscal?, ¿cuál es el norte de unos ministerios como los de Hacienda y Justicia respecto a los desafíos ambientales y climáticos que tenemos como Nación? Hay aún una mirada superficial y fragmentaria de la problemática”.
Según expone Diana Gómez, investigadora del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, sí existe una pugna de ambas potencias en la lucha contra el cambio climático, pero no precisamente por la defensa del planeta y sus recursos, sino por el dominio de los mismos.
La inversión y presencia de ambas naciones en zonas donde la crisis climática y medioambiental ya generan estragos, como África Subsahariana y la costa del Pacífico asiático responde, apunta la experta, a la motivación de restarle dominio al otro en zonas estratégicas en el tablero geopolítico.
Ocurre lo mismo entre Estados Unidos y Rusia en el Ártico, donde hay un despliegue de fuerza de ambos países que vigila el avance y las ambiciones mutuas. “Es realmente una imagen muy fuerte que explica en buena medida el problema. Dos potencias mirando con ambición los recursos de una región hoy tan vulnerable”, dice.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático –COP 26– que se realizará en noviembre en Glasgow, Escocia, apunta para los expertos como el escenario inaplazable para que se tomen las decisiones y se asuman los compromisos políticos que realmente ayuden a cambiar el curso del planeta
Soy periodista porque es la forma que encontré para enseñarle a mi hija que todos los días hay historias que valen la pena escuchar y contar.