La etapa de recuperación tras el sismo del 10 de agosto reabrió el debate sobre los estándares de diseño, la calidad de las obras y los tiempos de ejecución de la infraestructura en Colombia.
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Se estima que el sismo del 10 de agosto dejó 91 puentes y 468 vías afectadas en 16 departamentos. Expertos destacan a Armenia y plantean la industrialización como clave para reconstruir.
La etapa de recuperación tras el sismo del 10 de agosto reabrió el debate sobre los estándares de diseño, la calidad de las obras y los tiempos de ejecución de la infraestructura en Colombia.
De acuerdo con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), con corte al 3 de septiembre, la emergencia había dejado afectaciones en 91 puentes vehiculares, 13 puentes peatonales y 468 vías distribuidas en 16 departamentos.
El desafío que enfrenta ahora el país no se limita a reparar las estructuras dañadas. La reconstrucción también plantea la necesidad de garantizar que las nuevas obras tengan capacidad para responder ante futuros eventos sísmicos y que puedan ejecutarse en tiempos acordes con las necesidades de conectividad de las regiones afectadas.
En este escenario, Armenia aparece como un caso de referencia por su comportamiento frente al sismo.
Según cifras de la Alcaldía de Armenia, la ciudad contabiliza 12.119 estructuras con algún nivel de afectación, una magnitud de daños que iguala o incluso supera la observada en otras capitales que se encuentran en alerta roja.
Sin embargo, Armenia reporta la cifra más baja de personas fallecidas entre las cinco capitales mencionadas en el análisis. Para expertos consultados, esta diferencia tiene relación con las lecciones que dejó el terremoto que golpeó al Eje Cafetero en 1999.
Juan Francisco Correal, profesor titular de Ingeniería Civil de la Universidad de los Andes, quien ha hecho seguimiento directo a la evaluación de daños en el Eje Cafetero después del sismo, considera que el comportamiento de Armenia no es casual.
El ingeniero explica que, después del terremoto de 1999, la ciudad comenzó a construir bajo criterios de sismorresistencia más exigentes, una experiencia que ayuda a explicar el contraste entre el nivel de afectación material y el número de víctimas frente a otras ciudades igualmente impactadas.
La reconstrucción también abre la discusión sobre el papel que pueden desempeñar los sistemas prefabricados y la construcción industrializada.
Correal considera que el prefabricado puede ofrecer una respuesta rápida cuando se requiere recuperar la conectividad después de una emergencia. No obstante, destaca que su principal aporte técnico está relacionado con la trazabilidad y la homogeneidad de los materiales.
En su análisis, la industrialización permite tener un mayor control sobre las condiciones de fabricación frente a procesos de vaciado realizados directamente en el sitio de obra. Sin embargo, advierte que cualquier alternativa debe ser evaluada y aplicada dentro del marco establecido por la normativa vigente.
Es decir, la velocidad de construcción no puede estar por encima de los estándares de seguridad estructural.
Desde una perspectiva comparada, Vladimir Urzúa, ingeniero estructural chileno que ha participado en procesos de actualización de la normativa sísmica de su país y actualmente es líder técnico de Preansa Colombia, identifica otro factor relevante: la variabilidad de la ejecución en terreno.
Según Urzúa, producir elementos estructurales en una planta permite reducir los márgenes de error asociados a las condiciones de una obra y contribuye a que el comportamiento de las estructuras sea más predecible frente a las cargas generadas por un terremoto.
El experto también recuerda que la evolución de las normas sísmicas en países como México ha estado marcada por grandes terremotos. Después de estos eventos, los estándares de construcción han sido revisados y endurecidos de manera significativa.
En ese proceso, figuras como el ingeniero mexicano Emilio Rosenblueth tuvieron un papel relevante. Para Urzúa, este comportamiento se repite en distintos países de la región: los grandes desastres terminan impulsando cambios en las normas y en las prácticas de construcción.
Más allá de la tecnología disponible, la reconstrucción enfrenta un reto de coordinación entre las entidades públicas y las empresas encargadas de ejecutar las obras.
Claudio Rojas, gerente general de Preansa Colombia, señala que es necesario vincular a los constructores y a las entidades territoriales desde las primeras etapas de planificación.
La idea, según el ejecutivo, es evaluar de manera conjunta qué soluciones de gran formato pueden ser viables en cada corredor afectado y cómo incorporarlas a las obras de recuperación de la conectividad vial.
Esta coordinación resulta especialmente importante en una emergencia en la que la infraestructura dañada puede convertirse, al mismo tiempo, en uno de los principales obstáculos para reconstruir.
Uno de los problemas que tendrá que resolver Colombia durante la fase de ejecución será precisamente el transporte de los elementos necesarios para la reconstrucción.
Muchas de las vías afectadas dificultan el ingreso de piezas prefabricadas de gran formato hacia las zonas donde se necesitan. Por eso, la industrialización no puede analizarse únicamente desde la capacidad de fabricar componentes en una planta, sino también desde la logística necesaria para llevarlos hasta las obras.
En ese escenario surge la posibilidad de evaluar alternativas como las plantas móviles de producción, que permiten fabricar determinados elementos prefabricados directamente en el lugar de construcción.
La decisión sobre qué sistemas utilizar tendrá que considerar las condiciones particulares de cada corredor, la disponibilidad de transporte y las características de las zonas afectadas.
El proceso de recuperación ya cuenta con una hoja de ruta institucional. El Ministerio de Vivienda coordina una mesa técnica nacional con gremios y entidades territoriales, estructurada bajo un esquema de tres fases.
Al mismo tiempo, en el Congreso se prepara una iniciativa destinada a facilitar la adopción de sistemas de construcción industrializada para acelerar la reconstrucción de viviendas. Sin embargo, el proyecto todavía no ha sido radicado formalmente.
La discusión, por tanto, apenas comienza. El país tendrá que definir durante los próximos meses qué combinación de métodos constructivos, estándares técnicos y mecanismos de coordinación permitirá avanzar con mayor rapidez sin sacrificar la seguridad de las nuevas obras.
Para los expertos, el sismo deja una lección que va más allá de la reparación de las estructuras actualmente afectadas: la reconstrucción puede convertirse en una oportunidad para elevar la calidad y la capacidad de respuesta de la infraestructura colombiana.
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