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Por Beatriz de Majo - beatrizdemajo@gmail.com
Una nueva purga militar está en pleno desarrollo en China. El asunto es de gran significación en lo doméstico, ya que una nueva “depuración” de los altos mandos se viene a sumar a otras recientes purgas.
El periódico Wall Street Journal reportó hace pocos días que dos de los más altos oficiales militares. personeros del Comité Militar del Partido Comunista, los generales Zhang Youxia y Liu Zhenli, habían sido acusados de supuestas filtraciones de información a los Estados Unidos sobre el programa de armas nucleares chino, a cambio de pagos ilegales. Al menos uno de los militares políticamente decapitados – el caso de Zhang, un líder de incuestionable prestigio y de carrera profesional impecable - forma parte del más íntimo círculo de aliados de Xi Jinping.
La corrupción dentro del aparato militar es algo que siempre se ha manejado con gran discreción. Pero la relevancia e influencia de estos dos personeros dieron pie para que el caso fuera, en esta ocasión, ventilado ante la colectividad con un objetivo aleccionador.
La percepción del alto gobierno es que este episodio golpea el liderazgo del Partido y del Ejército de manera especial, y levanta dudas sobre la manera en que se han manejado en el seno del partido los temas que tienen que ver con el alto estamento militar.
Al parecer desde los días de Jiang Zemin, que incluyen las administraciones de Hu Jintao and Xi, se ha estado liberalizando la participación de los uniformados en negocios comerciales y particularmente en la procura. La modernización de las Fuerzas Militares ha obligado a altos rangos a interactuar con empresas privadas del sector industrial militar.
El episodio no es un eslabón suelto, sino uno más de una cadena de depuración que se viene produciendo desde marzo de 2023. Mas de 20 generales vinculados a la provisión y control de armamento – incluido el nuclear- han sido objeto de una razzia anticorrupción.
El mensaje del gobierno es que esta sacudida solo se relaciona con esfuerzos institucionales de modernización y profesionalización. Pero los analistas consideran que hay más que eso. Zhang resultaría ser es una pieza clave dentro de un movimiento de insubordinación, en el más alto nivel, que adversaría la obligación de obediencia total impuesta por Xi.
Un refrescamiento de los cuadros de poder del Ejército del Pueblo pudiera, dentro del ideario de Xi, reforzar su liderazgo, pero el proceso corre el riesgo de ser demasiado lento. Sólo a fin de 2027, con ocasión de un nuevo Congreso del Partido Comunista, se producirá el nombramiento de nuevas autoridades en el seno del Comité Central. Es en ese momento cuando Xi podría conseguir la designación de miembros que le sean afectos y cuando él mismo podría aspirar a un nuevo mandato.
Mientras tanto, las facciones leales al díscolo Zhang, hasta ahora el oficial militar en servicio de mayor rango, pueden fortalecerse y hacer valer el argumento más sólido que obra a su favor, que es la condición civil de Xi y su falta de experiencia de combate.
Eso nos lleva a un tema internacional de mucha cuantía en el que Xi ha asumido una posición contundente: la amenaza de una acción militar para hacer valer la soberanía territorial que Pekin asegura tener sobre Taipei. La civilidad de Xi, dentro de un escenario de agresión militar se torna protuberante, además de que un estamento militar desmoralizado por una persecución anti corrupción implacable no es la mejor herramienta para un combate armado.