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Retórica sin límites

La única esperanza real sigue siendo la democracia: las elecciones al Congreso y a la Presidencia.

hace 4 horas
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  • Retórica sin límites

Por Federico Hoyos Salazar - contacto@federicohoyos.com

Los presidentes y padres fundadores de los Estados Unidos, Thomas Jefferson y John Adams, mantuvieron durante sus últimos años una intensa correspondencia privada. En ella, Jefferson cuestionó la divinidad de Jesús, una postura que nunca expuso públicamente y que sólo se conoció años después, cuando esas cartas fueron publicadas. Jefferson entendía —como estadista— la diferencia entre convicciones personales y responsabilidad pública. Menciono esta anécdota por la reciente referencia del presidente Gustavo Petro sobre la vida de Jesús.

El supuesto mandato del cambio que llevó a Petro a la Presidencia ha sido estirado hasta el límite de la deformación. Bajo la excusa del “cambio”, el primer mandatario parece sentirse habilitado para insultar, descalificar e irrespetar a todo aquel que difiera de su visión, rompiendo con su deber esencial de gobernar para todos los colombianos y de preservar la unidad nacional.

Ya es difícil sorprenderse. Un día arremete contra los empresarios, al siguiente contra los medios de comunicación, luego contra el presidente de los Estados Unidos y más tarde contra mandatarios vecinos. Agravios innecesarios y peligrosos que no aportan nada al debate público ni a la solución de los problemas del país. Sin embargo, hasta ahora no sabíamos con certeza hasta dónde estaba dispuesto a llegar Petro en su estrategia de confrontación.

¿Por qué el presidente es cuidadoso y delicado cuando se refiere a los grupos armados criminales?, ¿por qué emplea el lenguaje de la diplomacia frente al dictador Nicolás Maduro y su círculo?, ¿por qué modera el tono cuando se trata de quienes han desangrado al país durante décadas? Y, en contraste, ¿por qué es implacable con el presidente Noboa de Ecuador, persistente en su ataque a los empresarios colombianos y ahora agresivo con quienes creemos y seguimos a Jesús?

Algunos argumentan que Petro, como en otras ocasiones, se encontraba en un estado alterado al momento de pronunciar el discurso. Otros sostienen que busca, deliberadamente, generar polémicas constantes para distraer la atención de los múltiples problemas de su administración. Sin embargo, la explicación más preocupante es otra: la intención de llevar la polarización política al máximo nivel posible de cara a las siguientes elecciones, alimentando un clima de confrontación que le permita justificar amenazas recurrentes de “movilización social” y presión en las calles.

Petro sabe que, pese a escándalos, errores y desaciertos, su base electoral permanece sólida. Las encuestas no se mueven de forma significativa. Ante ese escenario, la tentación es clara: radicalizar el discurso, cruzar límites, insultar sin pudor y, si es necesario, meterse incluso con lo que muchos consideran sagrado. No para convencer, sino para fracturar; no para gobernar, sino para encender ánimos.

Frente a eso, la única esperanza real sigue siendo la democracia: las elecciones al Congreso y a la Presidencia. De nosotros depende ponerle freno a una retórica que no busca el desarrollo del país, sino incendiarlo.

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