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Diego Fernando Gómez

Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.

Arriendo y Sociedad

Entre los siglos XVI y XVIII, con el emergimiento de la economía moderna, en ciudades como Londres, Ámsterdam o París, una parte considerable de la población no poseía vivienda propia.

hace 3 horas
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  • Arriendo y Sociedad

Por Diego Fernando Gómez - opinion@elcolombiano.com.co

El arriendo construyó ciudades y sociedad. Las prácticas que hoy asociamos al arriendo ya se observaban en Mesopotamia, hacia el tercer milenio a.C. El Código de Hammurabi norma los contratos donde una persona cedía el uso de una casa o de una parcela a cambio de un pago anual. En estas sociedades urbanas tempranas, el arriendo surgió como una forma flexible para que individuos sin propiedad accedieran a espacios para vivir o trabajar.

En Grecia clásica existían contratos de “misthosis”, que incluían el arriendo de viviendas, talleres y tierras. Las ciudades crecientes y las actividades comerciales incrementaron la demanda de vivienda para residentes móviles, comerciantes y trabajadores. En Roma, el “locatio conductio” regulaba de forma explícita el arrendamiento de casas y apartamentos. El arriendo se convirtió en una práctica cotidiana para la mayoría de la población libre. Durante la Edad Media, en áreas urbanas europeas, el arriendo de casas dentro de las murallas fue

común desde el siglo XII, vinculado al auge del comercio y de los gremios. En muchas

ciudades medievales, la presencia de comerciantes itinerantes, artesanos y estudiantes (por ejemplo, en Bolonia, París o Oxford) incentivó la aparición de habitaciones o casas alquiladas.

Entre los siglos XVI y XVIII, con el emergimiento de la economía moderna, en ciudades como Londres, Ámsterdam o París, una parte considerable de la población no poseía vivienda propia. El arriendo se integró en mercados más organizados, con contratos escritos y regulaciones. Entre los siglos XVI y XVIII, las ciudades europeas intensificaron el uso del arriendo como mecanismo habitual de acceso a la vivienda.

En la actualidad, hay ciertas sociedades en las cuales la tenencia en arriendo (alquiler) de

vivienda tiene una presencia muy relevante —o incluso mayoritaria— frente a la compra de la vivienda propia. En Alemania, la tasa de propiedad residencial es relativamente baja en

comparación con otros países europeos. Suiza es una sociedad de alquiler, en la que alrededor de dos tercios de los hogares no son propietarios. En los Países Bajos, se observa una mezcla de alquiler privado, alquiler cooperativo y propiedad.

En las últimas décadas, la aparición de regulaciones sobre control de rentas, subsidios al alquiler, plataformas digitales y nuevas formas de arriendo (co-living, multifamily, arrendamiento temporal, vivienda pública en renta) muestra que esta práctica sigue transformándose según cambios tecnológicos, demográficos y económicos.

El arriendo vincula el ahorro de familias consolidadas a la construcción del hábitat que demandan las familias en crecimiento, por demografía o migración. Es una forma flexible de gestionar el patrimonio. La gestión de este hoy es un ejercicio técnico y profesionalizado.

Todo esto lo trata el libro “Llaves, Sueños e Ingresos” de Andrés Álvarez. Consolida la experiencia y la visión de una firma que durante 7 décadas ha construido sociedad.

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Diego Fernando Gómez

Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.

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