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Por Diego Santos - @diegoasantos
Colombia se acerca a una nueva jornada electoral y, como ocurre siempre en democracia, llega también el momento de tomar decisiones. No decisiones impulsivas ni basadas en emociones pasajeras, sino decisiones pensadas, responsables, tomadas con la cabeza fría y con un criterio claro sobre qué tipo de país queremos construir.
En esa reflexión personal he llegado a una conclusión sencilla: quiero recomendar la lista del Centro Democrático al Senado. Lo hago porque, más allá de las narrativas que algunos intentan imponer, es un partido que ha logrado reunir a personas serias, preparadas e intelectualmente sólidas, que además han demostrado algo cada vez más escaso en la política colombiana: coherencia.
Basta mirar algunos nombres de esa lista. María Clara Posada, Juan Fernando Espinal, Rafael Nieto y Andrés Forero, entre otros, representan una generación de dirigentes que han dado debates de fondo, que conocen el Estado, que entienden el país y que han demostrado una defensa firme de la Constitución y de las instituciones democráticas.
Cuando la política se está ahogando en gritos, insultos y polarización, es importante reconocer a quienes han optado por otro camino: el de las ideas, el de las propuestas y el del debate serio.
Por supuesto, siempre habrá quienes intenten construir la narrativa de que el Centro Democrático es un partido corrupto. Pero esa narrativa, repetida una y otra vez, no resiste un análisis riguroso cuando se observan las trayectorias individuales de muchos de sus integrantes y su comportamiento institucional.
Más aún, Colombia podría necesitar un Centro Democrático fuerte en el Congreso, especialmente si el escenario político termina llevando a Iván Cepeda a la presidencia de la República. En un sistema democrático sano, el equilibrio de poderes es fundamental. Y ese equilibrio se construye con partidos sólidos, con bancadas fuertes y con congresistas capaces de ejercer control político con rigor.
En la Cámara de Representantes también veo nombres valiosos. Me gustan perfiles como el de Daniel Briceño, del Centro Democrático, quien ha demostrado una capacidad notable para fiscalizar el poder y denunciar irregularidades. Y también destaco a Carolina Arbeláez, de Cambio Radical, una congresista que ha participado activamente en debates sustantivos y en la construcción de propuestas.
Algo que valoro especialmente de todos ellos es que han hablado de problemas concretos y soluciones concretas. No de consignas vacías ni de discursos incendiarios.
En cuanto a la Gran Consulta, creo sinceramente que cualquiera de los nueve candidatos representa una apuesta seria para el país. Sin embargo, mi voto va para quien, en mi opinión, luchó como nadie por esa unión: David Luna.
También admiro profundamente a Paloma Valencia, a quien considero la favorita para ganar esa consulta, y a Enrique Peñalosa, cuyo rigor técnico y experiencia en gestión pública son indiscutibles.
Al final, más allá de las preferencias personales, hay algo que sí tengo claro: me siento orgulloso como colombiano de saber que existen personas decentes dispuestas a dar la batalla por el país. Y en estos tiempos, en los que la política parece dominada por la desconfianza, recordar que la decencia también se vota no es poco. Es, tal vez, lo más importante.