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Por Humberto Montero - hmontero@larazon.es
La campaña de denuncias de compañeras periodistas por los principales medios colombianos pone de manifiesto un problema que lejos de ir a menos va a más. Cada día se denuncian más comportamientos machistas, así como el acoso que sufren algunos hombres. Las agresiones sexuales y violaciones que antes quedaban impunes ahora afloran en mayor medida. Y más porque la banalización del sexo –desde pornografía a letras de algunas canciones– nos lleva a que las nuevas generaciones den por normalizados comportamientos que rozan la humillación. Pero avanzamos, con dos pasitos al frente y uno para detrás.
Los hechos se remontan a 1993. Todo empezó el pasado 20 de marzo, cuando Caracol Televisión publicó un comunicado con el que informaba haber recibido denuncias “en contra de dos periodistas presentadores por presunto acoso sexual” y que activó “los protocolos internos y los procedimientos establecidos por la ley”.
Desconozco la veracidad de las denuncias y no me corresponde pronunciarme. Sin embargo, la cuestión se politiza hasta un punto que me recuerda lo ocurrido en España. Recién formada la coalición socialcomunista que preside Pedro Sánchez desde hace casi ocho años, los ministros se peleaban por aparecer como firmes defensores del feminismo. Unos y otros pugnaban por destacar en sus tuits como paladines del “Me Too”. Tan lejos llegó la cosa que el por entonces “número dos” de los socialistas, brazo derecho de Sánchez, defensor de la moción de censura contra el por entonces gobierno conservador, y todopoderoso ministro de Transportes, José Luis Ábalos, se grababa en la campaña de 2020 del 8-M, Día de la Mujer, con un mensaje de órdago: “Soy feminista porque soy socialista”. Ábalos está hoy imputado por “organización criminal, cohecho, tráfico de influencias, falsedad en documento oficial, uso de información privilegiada, prevaricación y malversación”. Ábalos no solo era un putero habitual, llegó a colocar a alguna de sus queridas en puestos significativos en empresas públicas que dependían de su ministerio. Como él, otros líderes socialistas “muy feministas” y el jefe de la Policía Nacional (“sanchista”) han ido cayendo por acusaciones de acoso y agresión sexual.
Creo que cualquier campaña cae en excesos y que se debe ser cuidadoso cuando se acusa a alguien de un delito. Yo no creo a todo el mundo, sea mujer o hombre. Creo en las pruebas y me niego a lapidar a nadie públicamente para colgarme la etiqueta de “feminista”. Eso sí, cuando se pruebe una situación de acoso, o aún peor, se debe ser implacable. No nos equivoquemos, esto no va de derechas o izquierdas. Y de gobiernos que ponen cuotas y no hacen su trabajo y son incapaces de generar las condiciones para que las mujeres puedan prosperar en igualdad de condiciones que los hombres en sus vidas laborales. Y procrear a discreción si quieren, sin que nadie las mire mal o les ponga la etiqueta de “mamás”, una condena profesional en toda regla.
A una mujer no se le puede decir nada que no te gustaría que tu propia hija escuchara de otro. Es de cajón.