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La otra reforma

Si aprendemos a cuidarnos haremos no una reforma sino una revolución. Aproximadamente casi el 80 % del gasto en salud proviene de pagar por los tratamientos que no deberían necesitarse.

03 de diciembre de 2023
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  • La otra reforma

* Director de Comfama.

Querido Gabriel,

¿Cómo vas con la reforma a la salud?, me dicen a diario. Muy preocupado, respondo. Sufro por la gente y por el sistema perfectible pero funcional construido en las últimas décadas. A eso se suma que una parte importante de los empleos y la operación de Comfama están en salud, se trata para nosotros de un asunto existencial. Por eso participamos en toda reunión y discusión que se nos presenta sobre el asunto, queremos aportar y construir. Pero a veces nos sentimos perdidos, como remando contra la corriente... ¿Hablamos del tema desde otra perspectiva? ¿Conversamos de salud y no de normas? Hablemos de cuidado y no de plata ni de leyes, de la gente y no de las opiniones de los políticos.

En Colombia preferimos cambiar las normas a cambiar la realidad, nos enfocamos demasiado en el Estado y poco en el papel que tenemos las personas para transformar las situaciones. ¿Hablamos de mejorar significativamente la salud y no solo del sistema mediante el cual se paga por la atención de la enfermedad? ¿Conversamos de deberes, cuidado, consciencia y prevención, más allá de los médicos y hospitales?

Si aprendemos a cuidarnos haremos no una reforma sino una revolución. Aproximadamente casi el 80 % del gasto en salud proviene de pagar por los tratamientos que no deberían necesitarse. Las enfermedades no transmisibles, relacionadas con nuestros hábitos, como la hipertensión, algunos cánceres, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y muchas problemáticas de salud mental podrían evitarse si adoptamos los hábitos de vida adecuados. Si aprendemos a respirar, a dormir, a ejercitarnos, a comer poca azúcar, a minimizar nuestro consumo de alcohol y a cuidar de nuestras relaciones con los demás, viviríamos mejor y los recursos irían hacia las personas que sufren de las demás enfermedades, más difíciles y a veces imposibles de prevenir.

Por otro lado, una profunda reforma a la salud podría suceder si moderamos nuestro consumo de servicios hasta lo justo y necesario; haríamos un aporte inconmensurable al bienestar colectivo. Alrededor del 85 % de las citas con médicos generales en centros y puestos de salud y muchas urgencias en clínicas y hospitales son para atender asuntos gastrointestinales o respiratorios que no necesitarían nunca (o casi nunca) la atención de un profesional sino apenas un medicamento de venta libre o algún remedio de las abuelas. En lugar de salir corriendo para donde el médico con cualquier dolor de estómago o gripa, deberíamos esperar a de verdad tener síntomas que lo justifiquen; nos ahorraríamos cientos de miles de millones de pesos al año. Tener paciencia y sobriedad ante las dolencias más simples y comunes podría salvar la vida de muchos que verdaderamente necesitan esos recursos.

La salud como derecho es una conquista social que nos acerca al tipo de país que debemos ser, en eso no podemos retroceder. Pero, además del derecho, necesitamos asumir nuestros deberes: moderación, responsabilidad y autocuidado. Hagamos la tertulia sobre estos temas, evitemos delegar en el Estado lo que nos corresponde a nosotros. Diseñemos un entorno favorable a las decisiones correctas para la salud en ciudades, empresas, familias y entidades educativas. Decidamos esta otra reforma, que es la verdaderamente inaplazable, mientras esperamos que las múltiples voces que han aportado y refutado elementos de la ley que se tramita en el congreso sean escuchadas, por el bien de todos.

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