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Por Natalia Zuluaga Rivera - nataliaprocentro@gmail.com
El pasado 23 de abril de 2026, el gobierno de Gustavo Petro, formalizó el nombramiento de Daniel Quintero como nuevo Superintendente de salud.
El exalcalde de Medellín, acusado por delitos contra la administración pública y corrupción, será el encargado de ocupar un cargo de inspección, vigilancia y control frente a las EPS, empresas de medicina prepagada y las IPS. Quintero tendrá que vigilar el cumplimiento de normas constitucionales y legales que reglamentan el Sistema General de Seguridad Social en Salud incluyendo normas técnicas y científicas del Sector Salud.
Lo mínimo que debe tener quien asuma el cargo de superintendente, es una formación académica avanzada en el sistema de salud, conocer profundamente las leyes que regulan el sistema de salud en Colombia, como la Ley 100 de 1993, y sus reformas, pero no es así, el actual superintendente de salud, es ingeniero electrónico, experto en criptomonedas y pagos digitales y el gremio de salud para él, ha sido ajeno en su ejercicio.
Pero eso no es problema. Para Gustavo Petro, como muchos de sus nombramientos, lo que menos importa es el tecnicismo, y conocimiento que se tenga para el cargo, no importa la ética, y acusaciones penales por corrupción, lo único que importa al jefe de Estado, es su ideología, y asegurar que sus amigos estén en altos cargos.
Para el presidente Petro, este parece ser otro nombramiento basado en la lealtad ideológica por encima de la capacidad técnica. Quintero aprendió rápido el guion de la izquierda populista; desde aquella foto calculada en 2019 desayunando galletas de soda en una humilde casa en el barrio tricentenario, mientras realmente residía en los exclusivos sectores de El Poblado, su carrera ha sido un ejercicio de imagen engañosa. Esa misma “debacle” ética que comenzó en Medellín, hoy se traslada al nivel nacional.
Cabe recordar que la crisis en el sistema de salud viene de décadas atrás con otras administraciones y presidencias, pero con Daniel Quintero y Gustavo Petro en el poder el problema se agudizó notablemente.
Cuando Quintero fungió como alcalde entre 2020 -2023, el sistema de salud de la ciudad empezó a destruirse: el Hospital General de Medellín, la Red de Salud del Distrito (Metrosalud) y el Hospital Infantil Concejo de Medellín, entraron en una crisis financiera y operativa, sin precedente. Las salas de urgencias superando el 150% de capacidad; falta de insumos médicos y deudas con el personal médico; cierre total y parcial de servicios; cierre de camas UCI Neonatal y pediatría por falta de especialistas y recursos que terminó con la muerte de un bebé de 18 meses en septiembre de 2023 en el HGM, presuntamente debido a la ausencia de un cirujano pediátrico.
Daniel Quintero, llega a la superintendencia, en un momento de crisis financiera y humanitaria en el sistema de salud, por la intervención de múltiples EPS y problemas de funcionamiento que comprometen la sostenibilidad y el flujo de recursos.
Si bien en teoría, Quintero no podría administrar directamente los recursos del sistema de salud, dentro de sus facultades, está la de “intervención forzosa administrativa”, donde podría asumir temporalmente la gestión de EPS o IPS, gestionando bienes y recursos, y eso precisamente será lo que llegará a hacer el recién nombrado, conseguir los recursos que aseguren el flujo de dinero para la próxima contienda presidencial.