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Pompas de jabón, o el síndrome del desinflamiento

16 de septiembre de 2023
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  • Pompas de jabón, o el síndrome del desinflamiento

Por Ernesto Ochoa Moreno - ochoaernesto18@gmail.com

Ahora que con un triunfo y un empate Colombia ha iniciado bien su carrera final hacia el Mundial de Fútbol, es bueno irnos preparando para lo que a la postre puede ser la gloria de la clasificación o la pesadilla de quedar por fuera del magno certamen futbolístico.

Como la experiencia nos lo ha demostrado, cuando estamos más cerca de ver hechos realidad los sueños de gloria, la opción del fracaso nunca se puede descartar. Por eso saco de mi faltriquera lo que yo he llamado el síndrome del desinflamiento o, también, la teoría de las pompas de jabón. Nos la pasamos haciendo pompas de jabón que estallan con la mayor facilidad al menor roce y no dejan sino una estela de desilusión, fragilidad y desencanto.

No solo en el fútbol y en el deporte. Prácticamente en todo. Los colombianos somos lo eternos infladores de bombas de caucho que se revientan al primer alfilerazo. Por eso la selección de fútbol gana el primer partido, pero defrauda en los siguientes. Por eso las figuras del deporte se queman y opacan prematuramente. Por eso, ya en otros campos, las promesas en literatura, en arte, en ciencia, son un fogonazo inicial que termina apagándose sin pena ni gloria. También en política, en la gran política nacional, como lo estamos experimentado hoy en día. Somos emotivos fabricantes de pompas de jabón. Con críticos y comentaristas a bordo que inflan más de la cuenta las posibilidades y, por ende, hacen más estruendoso del fracaso.

Dentro de ello, dentro de ese síndrome de desinflamiento, existe una generalizada tendencia a la indisciplina; mejor, a la no disciplina, a no exigirse, a cansarse demasiado pronto, a no tirar para adelante. Como me lo hacía ver en mi juventud un profesor en una universidad europea, los estudiantes colombianos en el exterior suelen ser los mejores en el primer y segundo año, para luego decaer hacia le mediocridad de forma alarmante. Muchos no terminan la carrera, o la acaban de mala manera. Descrestamos primero, defraudamos después.

Por lo demás, si esa tendencia a la indisciplina en actividades de cara al público, como el deporte, es apoyada por una publicidad mal entendida y por el influjo de los comentaristas que a la hora de crear ídolos ayudan a engreír a los escogidos de los dioses, la caída después va a ser más notoria. Y los aplausos iniciales se convierten en lamentaciones o en acusaciones feroces. Pero en verdad, simplemente, se está cumpliendo una ley infortunada y desastrosa: la falta de disciplina y la falta de raíces y de empuje llevan al desastre.

Corolario: La selección de fútbol de nuestro país tal vez no sea sino el símbolo de un país que promete mucho pero hace poco. Que planea mucho, pero realiza muy poco. Que sueña mucho, pero al que le falta rigor para llevar a cabo sus sueños. Un país de pompas jabón.

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