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En esta columna siempre abogo porque las películas sean vistas por el público primero en salas de cine, sin esperar a que aparezcan en los catálogos de streaming. Sin embargo, como toda regla tiene una excepción, es más que lógico que cintas como Luna azul, de Richard Linklater, sean estrenadas en Colombia directamente en plataformas, en este caso en HBO Max, pues es tan particular la audiencia a la que va dirigida, que un estreno comercial sería, casi con seguridad, un fracaso.
¿Por qué? Porque la película es una especie de biopic de alguien que sólo es conocido entre los amantes de los musicales de Broadway: Lorenz Hart, escritor de las letras de canciones tan populares como My funny Valentine, The lady is a tramp, o Blue moon, que le da título al filme y ha sido cantado por decenas de artistas, desde Frank Sinatra hasta Flora Martínez. Hart, junto con el compositor Richard Rodgers, formó uno de los dúos creativos más exitosos del teatro musical hasta que el alcoholismo de Hart llevó a la disolución de la sociedad y a que Rodgers se uniera a Oscar Hammerstein II, con quie creó musicales que siguen representándose, como El rey y yo, o The sound of music.
El guion de Robert Kaplow ubica a Hart en uno de los momentos más difíciles de su vida: la noche del estreno de Oklahoma!, el primer musical de Rodgers y Hammerstein juntos. Lo veremos conversando hasta por los codos con el cantinero, el pianista y algunos clientes de Sardi’s, el icónico bar y restaurante de Broadway, todavía en funcionamiento, justo antes de que la producción de Oklahoma llegue a celebrar la primera función y a esperar para leer, recién publicada, la crítica del New York Times. En esos diálogos, pronunciados todos con una tristeza profunda y con una mala leche proverbial cuando se refiera a sus adversarios o a las personas que detesta en el negocio del espectáculo, rápidos como disparos, e irónicos y cáusticos incluso consigo mismo, hallaremos las razones por las que la Academia nominó a Ethan Hawke al Oscar a mejor actor. Como ha hecho tantas veces en su carrera, Hawke logra lo imposible: que parezca que se le acaban de ocurrir.
Si hace unas semanas decíamos que Linklater había dirigido “Nouvelle vague” con la idea de animar a los jóvenes que la vean a que sigan los pasos de aquellos directores franceses que hacían películas como si nada más importara, esta vez el director estadounidense encuentra en la transición de vida de Hart el paralelo perfecto para los momentos que vive el cine hoy: muchos en la industria han renunciado a la inspiración y han rebajado los estándares de calidad por una búsqueda de popularidad y taquilla que no siempre se justifica. Como prueba el reciente anuncio de Martin Scorsese asociándose con una empresa de IA, algunos oficios en el séptimo arte parecen condenados a desaparecer. Igual que Hart, nos dice “Luna azul”, toca mentirnos y fingir valentía, gozando mientras se pueda y creando sin parar, porque quién sabe qué novela, canción u obra se nos ocurrirá a partir de nuestra próxima noche de copas, brindando a solas con nuestra tristeza.