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Titiriteros y alquimistas
Crítico

Diego Agudelo Gómez

Publicado el 14 de septiembre de 2019

Titiriteros y alquimistas

Un rescate entrañable reciente es El cristal encantado, la era de la resistencia, una serie de Netflix que retoma el largometraje de 1982 dirigido por el maestro titiritero Jim Henson. El hombre es una leyenda en la televisión. Fue el creador de Plaza Sésamo, la mayoría de sus títeres y marionetas nacieron en la mente de este artista que también estuvo detrás de series como El narrador de cuentos o El show de los Muppets. Henson murió en 1990 pero dejó como legado la estética irremplazable de su bestiario: criaturas inspiradas en las hadas y los goblins, animales fabulosos que mezclan las características monstruosas y sublimes del reino natural, escenarios de fantasía que intentan concebir esos mundos que quizás flotan en el universo albergando las más insólitas formas de vida.

La serie de Netflix es respetuosa con el legado de Henson. En tiempos en los que una nueva entrega de Los caballeros del Zodiaco animada en 3D pierde el glamour de su modelo original, hubiera sido fácil concebir el argumento de El cristal encantado -el título original debería ser El cristal oscuro- representado en animaciones sofisticadas o incluso en acción real, como se ha encargado Disney de retomar sus historias clásicas. Sin embargo, los realizadores no quisieron perder aquello que otorga el mayor encanto a la obra de Henson: la vida que proyectan los títeres, muñecos y marionetas que conforman el elenco de la historia. En el despliegue técnico para poner a actuar muñecos inanimados seguramente se emplearon todo tipo de técnicas del teatro de marionetas: títeres de dedo, de guante y de varilla; marionetas de hilos, teatro negro, marottes, y no es raro que para recrear a los monstruos más colosales se hubieran empleado técnicas japonesas como el bunraku, en el que hasta tres titiriteros manipulan una sola marioneta.

Por supuesto, la técnica llega modernizada con algunos efectos especiales y los escenarios maravillosos del planeta Thra, que orbita alrededor de tres soles y sus hábitats están compuestos de manera tan meticulosa que logra el propósito de transportarnos por unos minutos fuera de este mundo. Esta serie es una digna sucesora de la película de 1982, retoma el hilo principal de la historia y añade otras escenas de acción, la vuelve coral poblándola con más personajes protagónicos y, sobre todo, agregando relevancia a los personajes femeninos, capaces de actos tan heroicos e intrépidos como los que normalmente se le asignan a los personajes masculinos.

Por otro lado, siempre refresca que se les cuente a los niños una trama de rebelión y resistencia. Los Skekses son buitres antropomórficos que con engaños controlan el cristal que le da vida al mundo de Thra. Para mantener su inmortalidad usurpan la energía del cristal y esclavizan a los nobles gelflings haciéndose pasar por señores protectores. Cuando dejan de obtener la vitalidad natural del cristal, lo corrompen para usarlo como artefacto extractor de la esencia de los gelflings: así empieza la masacre. Los gelflings, seres que tienen el aspecto híbrido de los elfos, las hadas y los duendes, son vampirizados por los grotescos villanos y, como es natural, la muerte y la esclavitud provocará que uno diga basta y a este se le sumen otros y pronto sean muchos los que se levanten para combatir en una revolución que dejará a muchos caídos.

Los diez episodios de la serie son un recorrido fascinante por un mundo fantástico de desiertos de cristal, bosques carnívoros y cavernas laberínticas. La interpretación es exquisita. Los actores que se encargan de prestar sus voces enriquecen a los personajes con tics, onomatopeyas y muletillas que los hacen memorables.

El arte de los titiriteros es similar o superior a la de los alquimistas. Construyen monigotes de tela, plástico, látex o metal y los invitan a la vida usando tan solo la delicada danza de sus manos. Cuando un titiritero muere, solo su cuerpo desaparece, en los movimientos de sus marionetas persiste su existencia verdadera.

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