Cinco paraderos de buses son dañados cada día en Medellín. Los vidrios de los avisos publicitarios y las basureras son los blancos principales, aunque también se roban los techos o las láminas de acero. Al año, se gastan en mantenimiento de los paraderos 5.000 millones de pesos.
Esta conducta vandálica, así pase en muchos otros países, es repudiable. Nada justifica el ataque al mobiliario urbano que sirve a miles de personas. Autoridades y ciudadanía deben estar más alertas para detener y denunciar a estos vándalos que tanto daño le hacen a la ciudad.
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