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¿ChatGPT como psicoterapeuta?: investigación muestra cómo se usa en Colombia la IA para superar un duelo

Una investigación pionera en el país documenta cómo y por qué algunas personas recurren a herramientas digitales para tramitar la muerte de un ser querido.

  • La inteligencia artificial ya acompaña el duelo de muchas personas que sufren la pérdida de un ser querido. FOTO GETTY
    La inteligencia artificial ya acompaña el duelo de muchas personas que sufren la pérdida de un ser querido. FOTO GETTY
  • El psicólogo Andrés Grajales explica los hallazgos y comparte recomendaciones para un uso responsable. FOTO cortesía
    El psicólogo Andrés Grajales explica los hallazgos y comparte recomendaciones para un uso responsable. FOTO cortesía
hace 1 hora
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A las 3:00 de la mañana, cuando ningún amigo está despierto y el terapeuta no responde, hay personas que abren ChatGPT y empiezan a escribir sobre la muerte de alguien que amaban.

Esa app con la que se redactan correos de trabajo o se resuelven tareas universitarias, hoy es un punto de desahogo emocional para miles de personas, un problema que sirvió como punto de partida para la Unidad de Duelo de la Funeraria San Vicente, que en un reciente estudio documentó casos en Medellín en que gente en duelo utilizan IA para buscar alivio y tramitar sus pérdidas.

“Las personas utilizan lo que está a su alcance”, explica a EL COLOMBIANO Andrés Grajales, psicólogo de la unidad y coautor del estudio.

A diferencia de los griefbots, que son chatbots diseñados específicamente para simular conversaciones con personas fallecidas a partir de su huella digital, herramientas costosas y poco accesibles en el contexto colombiano, apps como ChatGPT, Gemini o Claude están a un clic de distancia y son gratuitas, de ahí su auge.

“Cuando la angustia del doliente aparece en la noche o las madrugadas, lo que está a su alcance es la aplicación con la que trabaja a diario. Esa inmediatez y gratuidad convierten esas aplicaciones corporativas en lo que nosotros llamamos una sala de urgencia emocional”, cuenta.

El 90% de participantes del estudio, que sigue en curso, fueron mujeres, dato que Grajales atribuye a patrones ya documentados en la literatura sobre género y gestión emocional en situaciones de crisis. De estas, el 60% reportó uso frecuente de ChatGPT como herramienta principal para procesar su pérdida.

Tres formas de usar IA

La investigación identificó tres tipologías de uso. La primera es “consultiva y psicoeducativa”, es decir, personas que recurren a la IA para traducir lenguaje médico o forense que les resulta incomprensible, o para pedir sugerencias prácticas de actividades nuevas que les ayuden a salir del estancamiento emocional.

La segunda involucra la generación de imágenes, donde algunos dolientes encuentran consuelo recreando escenas cotidianas con sus seres queridos fallecidos, mientras otros, especialmente madres, terminan rechazando esas imágenes cuando el algoritmo falla en reproducir rasgos genéticos reales.

Lea también: ¿Usa IA para consultas médicas? Ojo, la mitad de las respuestas son falsas, advierte estudio

La tercera es la más extendida, lo que el especialista llama “regulación emocional y contención inmediata”, cuando la IA funciona como un espacio disponible a cualquier hora, sin juicio y sin la presión de tiempo que el doliente percibe en su entorno humano.

Sobre esa última categoría, Grajales dice que “vivimos en una sociedad muy tanatofóbica (miedo intenso a la muerte o al propio proceso de morir) y muy obsesionada con la inmediatez. El entorno te acompaña la primera semana, pero al mes ya está exigiendo que seas funcional, con expresiones como ‘ya tienes que superar la pérdida’”.

Frente a esto, los bots parecen ofrecer algo que el entorno humano no tiene: “La máquina no mira el reloj, no se incomoda con el llanto prolongado y le permite al usuario repetir su historia treinta mil veces sin la sensación de estar cansando a nadie”.

En ese sentido, los historiales de conversación en cada chat también cumplen una función clínica específica. Citando al investigador Robert Neimeyer, editor del Journal of Constructivist Psychology, Grajales explica que en realidad el doliente necesita contar su historia repetidamente para reorganizar su mundo interno, un proceso llamado reconstrucción de significados.

El problema en esa etapa es el desgaste de repetir la historia a distintas personas, a veces incluso revictimizándose. “El chat ya sabe quién murió, cómo murió y dónde quedó la conversación. No hay que volver a explicar el contexto”, dice.

Cuando el cerebro se protege

El psicólogo Andrés Grajales explica los hallazgos y comparte recomendaciones para un uso responsable. FOTO cortesía
El psicólogo Andrés Grajales explica los hallazgos y comparte recomendaciones para un uso responsable. FOTO cortesía

Uno de los casos documentados involucra a una madre que sufrió una pérdida perinatal e intentó usar inteligencia artificial para proyectar cómo habría sido su hija a los cinco años.

El algoritmo creó la imagen de una niña pelirroja, un rasgo que no correspondía a la genética de su familia. De inmediato, la madre rechazó la imagen.

En otro caso similar, una mujer calificó la experiencia de “tormento” al recibir una imagen de su bebé con textura de cabello distinta a la suya. Grajales explica que ese rechazo es un mecanismo de defensa saludable de nuestro cerebro.

“El ser humano tiene una tendencia innata hacia la congruencia y hacia la autenticidad. Cuando la máquina introduce un error, rompe esa congruencia, y el psiquismo se niega a falsificar su propia existencia”.

El fenómeno conecta con la teoría del Valle Inquietante, formulada en 1970 por el experto en robótica Masahiro Mori, que describe cómo la empatía hacia una simulación se convierte en rechazo cuando la máquina falla en detalles sutiles.

El psicólogo es enfático sobre el límite entre el uso saludable de estas herramientas y el riesgo clínico. La IA, señala, opera bajo lógicas comerciales que la hacen complaciente, por eso no confronta, no genera la fricción necesaria entre el polo de la pérdida y el de la restauración que describe el Modelo del Proceso Dual de Stroebe y Schut. “Si un doliente utiliza estas herramientas para simular conversaciones con quien ya no está, se enfrenta al riesgo de que la máquina se convierta en un habilitador de la negación”.

La clave está en reconocer la naturaleza de lo que se tiene enfrente. “El problema aparece cuando se empieza a ver la inteligencia artificial como un alguien, no como un algo”.

¿Se puede usar la IA en estos casos y de forma responsable?

Para quienes atraviesan un proceso de pérdida y consideran recurrir a estas herramientas, la recomendación del psicólogo es reconocerlas como un recurso, no como un sustituto del contacto humano. “Así como ir al gimnasio es una herramienta, o hablar con la familia es una herramienta, la inteligencia artificial también lo es. El riesgo está en convertirla en un sustituto permanente del ser que falleció, o del terapeuta, que es quien me va a confrontar y decirme no lo que quiero escuchar, sino lo que necesito escuchar”. Grajales también sugiere que cada persona se pregunte con qué intención está usando esa tecnología y recuerda que la mayoría de los dolientes, según la propia investigación, sigue privilegiando las relaciones humanas sobre la máquina cuando tiene la posibilidad de elegir.

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