Los vientos del cambio climático soplan más fuerte hoy. El Ártico se derrite con celeridad mientras glaciares en varios continentes siguen igual camino.
En aquella región se reduce el hielo en el mar y su formación comienza más tarde.
Todo debido a una temperatura de 2 °C en comparación con el período 1981-2010, un aumento del doble de la del resto del planeta.
Eso reveló el informe presentado por la National Oceanographic and Atmospheric Administration (NOAA) de Estados Unidos.
“Rara vez hemos visto que el Ártico muestre una señal más clara, fuerte y pronunciada del calentamiento persistente y la cascada de efectos en el ambiente, que este año”, dijo preocupado Jeremy Mathis, director del Programa de Investigación del Ártico.
Esta región comprende el océano Ártico, mares contiguos y partes de Alaska, Canadá, Finlandia, Groenlandia, Islandia, Noruega y Rusia.
Groenlandia perdió, desde 2002, 3500 gigatoneladas de masa de hielo. El deshielo de este año estuvo cerca al sorprendente descenso de 2012. Hoy la temporada de deshielo dura de 30 a 40 días en el nordeste y 15 a 20 en el oeste, más que el promedio de 30 años de registros.
Es el Ártico tal vez la región más amenazada, pero los hielos de todo el planeta sufren. Un artículo en Nature Geoscience reveló el retraimiento de dos decenas de glaciares en varias regiones, desde Rusia hasta la Patagonia.
La pérdida de la masa helada fue atribuida por los autores al cambio climático producto del calentamiento global. Hasta ahora no se había podido atribuir con seguridad ese encogimiento al fenómeno climático.
Los glaciares están presentes en todos los continentes, salvo Australia.
Si a esto se suma el reciente informe sobre el fraccionamiento acelerado de la Antártida Occidental la situación es más que compleja.
El Ártico
El informe de la NOAA reportó que el aumento de la temperatura prosiguió en la región sobre los 60° de latitud norte.
Entre octubre de 2015 y septiembre de 2016 el termómetro marcó más alto que en ningún otro periodo desde 1900.
“Eso representa un incremento de 3,5 °C desde el comienzo del siglo 20. El otoño, la primavera y el invierno presentaron anomalías positivas y extensas del promedio de temperatura sobre el Ártico central, debido ante todo al aire cálido de los vientos del sur que se mueven adentro desde latitudes medias”, explicaron los investigadores.
En el invierno, las temperaturas excedieron en mucho la marca anterior, llegando en algunos sitios a más de 8 °C sobre lo normal en enero. Y la superficie del mar experimentó en agosto 5 °C encima del periodo 1982-2010.
Luego de experimentar el máximo más bajo de extensión de hielo desde que se llevan registros satelitales (1979-2016), nivel que se tuvo en marzo pasado con 7 % por debajo del promedio histórico, no se produjo otra marca al final del verano como se creía: el mínimo hielo en septiembre empató con el de 2007, el segundo valor más bajo, 33 % menos que el promedio 1981-2010.
La cobertura de nieve fue sorprendentemente baja: menos de 4 millones de kilómetros cuadrados, el nivel más bajo desde 1967.
Además entre mediados de octubre y mediados de noviembre la extensión del hielo en el mar fue la mínima de los registros, 28% menos.
La capa de hielo es, asimismo, más delgada hoy. El estudio Arctic Report Card, mostró que en marzo pasado el hielo con más de un año de antigüedad y el de solo un año componían 22 % y 78 % de la cobertura, en comparación con 45 % y 55 % en 1985.
Una de las consecuencias más cercanas del deshielo es que al reducirse más el hielo en el verano, el agua que estaba cubierta recibe más radiación solar. Así, la temperatura superficial del mar y de las capas superiores del océano están aumentando en mucha parte del Océano Ártico y mares contiguos.
Carbono
La temperatura más alta está derritiendo el permafrost, rico en carbono, fuente liberadora del CO2 y metano que mantiene almacenados.
Los suelos de permafrost al norte contienen de 1330 a 1580 miles de millones de toneladas de carbono orgánico, casi el doble del que existe en la atmósfera. Y aunque los ecosistemas de la tundra parecen estar captando más carbono en las últimas temporadas, el balance neto es deficitario.
Las imágenes satelitales muestran hoy más verdor que en el pasado en las tundras del norte de Alaska, en la sureña de Canadá, en el Archipiélago del alto Ártico y en la del occidente de Siberia.
Estos cambios afectan el soporte de especies animales, que deben cambiar su distribución, adaptarse a las nuevas condiciones o... desaparecen.
Los glaciares
En el estudio en Nature Geoscience los investigadores usaron un nuevo método estadístico para analizar el retraimiento de los glaciares, concluyendo que todo apunta al cambio climático.
Un hallazgo en concordancia con las evaluaciones del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático.
El análisis de 37 glaciares en varios continentes reveló que el retraimiento ha sido mayor de lo que podría esperarse solo con la variación natural. La respuesta de las montañas con hielo se produce a lo largo de varias décadas.
En la Antártida, científicos de la misión IceBridge de la Nasa observaron una fractura del ancho de un campo de fútbol y 110 kilómetros de longitud en Larsen C, una gran plataforma, la cuarta en tamaño en ese continente, que flota cerca a la península.
Una vez se fracture por completo formará un iceberg de unos 6451 kilómetros cuadrados (la décima parte del departamento de Antioquia, por ejemplo), con lo que se removería del 9 % al 12 % del área de la plataforma.
Mientras, la plataforma occidental parece partirse desde adentro hacia afuera y no al revés. El océano derrite el enorme glaciar de la Isla Pino.
No son buenos los tiempos para los territorios congelados ni para el planeta. Los estudios son concluyentes.
Sobre el futuro, la incertidumbre es la reina.
2000
millones de personas en zonas costeras sufrirían por
el descongelamiento