Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
7 y 9
En torno a las loterías hay creencias y agüeros. Hay personas que deciden su número por una avioneta estrellada o por la camiseta del goleador.
Por mala cabeza tal vez es que uno de los loteros del Centro, después de coger el premio mayor de la Medellín y pasar a integrar la selecta lista de los ricos de esta ciudad, regresó a hacer parte de los pobres o, por lo menos, de quienes tienen que jornalear para subexistir.
“Me acuerdo que a él, un viernes, se le quedaron un billete y varios pedazos ‘encañingados’ —relata Carlos Alberto Gil, un lotero que se sitúa con su tabla cubierta con billetes de lotería organizados de tal forma que uno pisa al otro pero no se tapan los números y todos están sujetos con cordones que van de un extremo a otro de la tabla, para que no se los lleve el viento. ‘Encañingado’ es la palabra que les sirve a los loteros para significar que se le quedaron agarrados de la tabla en el momento de recogerlos, justo antes del sorteo, para irse a devolver los sobrantes a la oficina—. Renegó, claro, pero cuando se dio cuenta de que tenía el billete ganador, se volvió loco”.
No regresó a trabajar y, en cambio de esto,...