Economía

¿Efecto del alza del salario mínimo 2026? Comercio y restaurantes ya pierden 258.000 empleos

Colombia logró el mejor enero en desempleo en 25 años, pero comercio y restaurantes ya pierden 258.000 empleos formales.

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Comunicador social - Periodista de la UPB Bucaramanga. Magíster en Estudios Políticos de la Universidad de Caldas. Especialista en Comunicación Digital. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2023. Miembro de Consejo de Redacción.

02 de marzo de 2026

Colombia arrancó el 2026 con un dato histórico, la tasa de desempleo de enero fue de 10,9%, el mejor registro para ese mes en 25 años.

La cifra, publicada por el Dane, marca una caída de 0,7 puntos porcentuales frente a enero de 2025, en un mes que suele ser el más complejo del calendario laboral.

El resultado llega tras un 2025 que cerró como el mejor año de empleo en el siglo XXI. Sin embargo, el nuevo año empieza en medio de tensiones por cuenta del salario mínimo, que subió 23,7%; además, se implementa la reforma laboral aprobada el año pasado, que encareció los recargos nocturnos y dominicales, y avanza la reducción de la jornada semanal hacia 42 horas.

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Desde el Centro de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Antioquia le pone lupa al hito. La tasa de 2025 fue “muy baja en un ambiente económico que no era el más favorable”. Es decir, el mercado laboral venía mostrando resiliencia.

Pero el centro advierte que la tasa de desempleo no se mantendrá en los niveles con los que cerró 2025 y probablemente no habrá reducciones adicionales en informalidad; incluso podría crecer ligeramente.

¿La razón? Argumentan que un aumento de 23,7% en el salario mínimo encarece los costos laborales, sobre todo en las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), que operan con márgenes estrechos.

Es decir, cuando el costo por trabajador sube, la capacidad de generar nuevos empleos formales se ralentiza.

Comercio y restaurantes: primeras víctimas del alza del salario mínimo

Las primeras señales ya están sobre la mesa. Según explicó Juliana Morad, directora del Departamento Laboral de la Javeriana, el titular es positivo, pero hay matices.

La académica pone el caso de dos sectores que ya sienten el impacto, “porque son intensivos en mano de obra, operan con márgenes estrechos y están particularmente expuestos al aumento del salario mínimo y a los cambios regulatorios recientes”.

Se tratan de comercio y reparación de vehículos, con una pérdida de 149.000 empleos en enero del 2026; y alojamiento y servicios de comida, donde se destruyeron 109.000 puesto de trabajo.

Entre ambos concentran cerca del 24% del empleo del país. No es un movimiento marginal. Son actividades que reaccionan primero cuando los costos laborales suben y la demanda es incierta. Esa caída no parece ruido estadístico; es una señal temprana que conviene monitorear”, precisa Morad.

La alerta de la académica cobra más sentido cuando se revisa el cierre de 2025. Según la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif), en octubre el 73% del crecimiento anual de los ocupados provino del sector informal; en noviembre fue el 66,5%.

Diciembre rompió la tendencia, el 98% del empleo creado fue formal, impulsado por la temporada navideña en comercio. Pero el propio informe advirtió que se trataba, en buena medida, de empleo temporal. Enero heredó esa fragilidad y la recibió con un salto salarial sin precedentes.

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Andrés Langebaek, economista de la Universidad de los Andes y director ejecutivo de Estudios Económicos de Grupo Bolívar, se suma al análisis al advertir, usando cifras desestacionalizadas, que la población ocupada en las 13 principales áreas cayó en 121.000 personas en enero frente a diciembre, contrario al patrón histórico de aumentos en ese mes.

Su estimación es que “unos 250.000 trabajadores habrían sido perjudicados por el aumento del salario mínimo, incluyen estos 121 mil que perdieron su empleo más otra proporción que dejó de ser contratada”.

Para el analista, en el ámbito rural no se observan caídas, sino aumentos en la contratación, algo coherente con la alta informalidad y la menor proporción de trabajadores que devengan salario mínimo.

Tal es el caso de la creación de empleo de asalariado privado, que se desplomó hasta su mínimo histórico en los eneros registrados por el Dane. Por ejemplo, en enero de 2026 solo se crearon 17 mil empleos de este tipo frente a los 422 mil en enero del 2025.

Por eso, Jorge Tovar, profesor de Economía en la Universidad de los Andes, fue más crítico y habló de una “masacre laboral” asociada al aumento del salario mínimo.

Señaló que el empleo doméstico cayó 21 puntos y que cerca de 21.000 trabajadores, mayoritariamente mujeres, habrían salido de esos puestos. Su conclusión es “más personas rebuscándose la vida”.

Tras estas cifras, el exministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo consideró solo se está creando empleo burocrático del sector público, “el empleo asalariado privado parece que se frenó con el salario mínimo de 2026. Solo se está creando autoempleo y burocracia. El sector privado completamente amilanado”.

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¿Quién está sosteniendo el empleo en 2026?

Según la directora de la Javeriana, con base en los datos del Dane, el crecimiento se concentró en tres frentes. Por un lado, administración pública, educación y salud aportaron 172.000 empleos más; también actividades profesionales y servicios administrativos, con 155.000 puestos más; y por otra parte, la industria manufacturera, con 134.000 trabajadores más.

El primer bloque merece lectura política y económica. Morad afirma que, en año preelectoral, la expansión del empleo asociado al Estado suele actuar como amortiguador. “Es un fenómeno conocido. La pregunta es cuánto de eso es dinamismo estructural y cuánto es impulso transitorio”.

Hay otro dato clave, el propio Dane reconoce que la creación de empleo fue jalonada principalmente por el autoempleo o trabajo por cuenta propia.

Según el reporte de enero, la contratación laboral privada se desaceleró con fuerza tras la subida del salario mínimo. En enero, por cada empleo privado creado, se generaron tres en el gobierno y diez en la informalidad.

En ese orden, el dato que más inquieta para la directora Morad es el empleo por cuenta propia.

Las mujeres por cuenta propia aumentaron en 286.000 (con significancia estadística). Puede leerse como emprendimiento. Pero en paralelo hay destrucción de empleo asalariado en comercio y servicios. La duda razonable es si estamos frente a elección o frente a refugio”.

Del lado masculino, agrega la directora, los empleados particulares cayeron en 81.000 y los cuenta propia en 91.000. “Allí no hay narrativa de emprendimiento, hay contracción y ajuste”.

A renglón seguido, la académica aclara que enero es, estacionalmente, fuerte en empleo. Por eso, los efectos completos de los cambios laborales, en particular recargos nocturnos, dominicales y festivos, probablemente se reflejarán con mayor claridad hacia el segundo trimestre de 2026, cuando las empresas ya hayan ajustado nómina y decisiones de contratación.

“El mercado no se desplomó. Resistió mejor de lo que muchos anticipaban. Pero los sectores que emplean a buena parte de la población vulnerable ya están mostrando movimientos relevantes”, enfatiza Morad.

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Sector de aseo y vigilancia sufrió recortes del 15% al 20% tras alza del mínimo

Ya pasaron dos meses desde que empezó a regir el aumento del salario mínimo del 23,7% decretado por el Gobierno Nacional y, si bien fue suspendido provisionalmente, los estragos derivados del mismo se han hecho sentir con fuerza. Es un hecho: el alza no solo impactó la nómina de las empresas.

En sectores intensivos en mano de obra como vigilancia y aseo, el ajuste se tradujo en una presión inmediata sobre los contratos con clientes, que en muchos casos no estaban preparados para asumir ese incremento y esto ha derivado en recortes de personal en lugares como centros comerciales, unidades residenciales, hoteles y demás.

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EL COLOMBIANO conoció el testimonio de varios trabajadores que manifestaron verse afectados por esta situación; algunos de ellos entraron en los recortes de personal que implementaron en sus puestos de trabajo, quedándose sin empleo.

Carlos Yepes, de 32 años, llevaba tres años como vigilante para una famosa empresa que le prestaba los servicios de vigilancia a un centro empresarial del Valle de Aburrá. Trabajaba en turno fijo nocturno, lo que le permitía estudiar en el día una tecnología en logística.

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A comienzos de año, tras la renegociación del contrato con la copropiedad, la empresa redujo un puesto de vigilancia y reorganizó los turnos. Carlos fue trasladado a un esquema rotativo que incluía jornadas diurnas.

“Me dijeron que era eso o nada. Con el turno nuevo ya no podía ir a clase. Intenté cuadrar horarios, pero no me dieron opción”, cuenta. Sin posibilidad de sostener estudio y trabajo al mismo tiempo, decidió renunciar.

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Y es que para hacerse a una idea del panorama, Raquel Garavito, presidenta de Fedeseguridad, le contó a este medio que el impacto en el sector de la vigilancia es directo porque más del 80% de la estructura de costos corresponde al personal operativo.

Actualmente hay cerca de 400.000 vigilantes formales en Colombia, vinculados a más de 955 empresas supervisadas por la Superintendencia de Vigilancia. La tarifa mínima del servicio está regulada por el Estado y se ajusta automáticamente cuando sube el salario mínimo.

Pero este año el impacto fue mayor. Un puesto de vigilancia 24 horas con arma —que implica tres turnos— costaba en 2025 alrededor de $15,3 millones mensuales. Hoy está cerca de $18,8 millones. El aumento no solo obedece al salario mínimo, sino también a los cambios introducidos por la reforma laboral: reducción de jornada de 48 a 42 horas, ampliación del recargo nocturno y mayores pagos por dominicales y festivos. En la práctica, el incremento total en costos para el sector se acerca al 31%.

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