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¿A quién le importa el banano?

Una reflexión sobre la importancia de esta fruta en el mundo. Y cómo un joven de Rionegro es experto de la variedad cavendish en Países Bajos.

  • Miguel Colonia, director Calidad Banafrut; John Restrepo, director Agricultura Banafrut; Juan Felipe Angarita; Joachim Urkötter, gerente AFC, y Evelyn Heider (Calidad AFC). FOTO CORTESÍA.
    Miguel Colonia, director Calidad Banafrut; John Restrepo, director Agricultura Banafrut; Juan Felipe Angarita; Joachim Urkötter, gerente AFC, y Evelyn Heider (Calidad AFC). FOTO CORTESÍA.
  • Juan Felipe Angarita Escobar, en bananera en Urabá. FOTO CORTESÍA.
    Juan Felipe Angarita Escobar, en bananera en Urabá. FOTO CORTESÍA.
hace 1 hora
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Por lo que significa para la historia, la identidad y la economía de Colombia, el banano debería ser del interés de todos. Como no es así, nutriré este relato con hechos que confirman un aprecio auténtico por este fruto de sabor delicioso. Empecemos:

Banano para la salud, la ciencia y la alegría. Como un vallenato, esta fruta pone a palpitar el corazón. Rafael Orozco canta en un tema inmortal, a ritmo de acordeón: “Tengo un corazón alegre como una fiesta de pueblo”. Con sus azúcares naturales —fructosa, glucosa y sacarosa— el banano es fuente de energía. Cada racimo es regalo de vida que viaja desde tierras cálidas del Urabá antioqueño a los mercados del mundo.

Banano para impulsar la economía. Según la Asociación de Bananeros de Colombia (Augura), en 2025, Colombia exportó más de 2,5 millones de toneladas de banano (133 millones de cajas), de las cuales 82 millones salieron de Urabá, generando ingresos por más de US$1.309 millones y consolidando al país como el tercer mayor exportador de América Latina. La región cuenta con 32.465 hectáreas cultivadas, con una productividad récord de 2.516 cajas por hectárea, y sus principales destinos son la Unión Europea (65,8%), Estados Unidos (17,3%) y Reino Unido (13,6%).

Lea más: Comiendo por Colombia: los 11 magníficos, primera parte

Banano para la comida criolla y la gastronomía internacional: banana bread, banana split, banoffee pie, banano asado, batido de banano, helado y jugo de banano. Y cuando se trata de banquetes, que picoteen y canten las aves en las extensas plantaciones del Caribe y Urabá. Que se alimenten de banano y saboreen sus frutos maduros los turpiales amarillos, colibríes revoltosos, las oropéndolas de Montezuma, las bulliciosas guacharacas y las tángaras azulejas.

El banano les importa a los investigadores y antropólogos porque hace parte de la idiosincrasia del país. En Urabá se celebra con fiesta, en el Chocó se reconoce como “comida propia”, y en la historia nacional ha sido símbolo de resistencia y pertenencia.

A esta hora de Colombia —siete más en el Puerto de Róterdam, Holanda— el banano le importa, y mucho, a Juan Felipe Angarita Escobar, joven antioqueño que es un embajador y garante de la calidad del banano que se exporta.

Raíces y frutos

Juan Felipe nació en Rionegro, Antioquia, en 1995. Su papá, Jaime Alonso Angarita Pineda, conocido como el Doctor Calidad, es un médico destacado en el Oriente antioqueño. Su mamá, Ana Ligia Escobar Tobón, es doctora en enfermería, docente y académica de la Universidad de Antioquia.

Juan Felipe Angarita Escobar, en bananera en Urabá. FOTO CORTESÍA.
Juan Felipe Angarita Escobar, en bananera en Urabá. FOTO CORTESÍA.

Su única hermana, Ana Isabel, “La Princesa”, es estudiante destacada de la Universidad Nacional de Medellín. Desde niño, Angarita —así lo llaman sus amigos— mostró una curiosidad insaciable: quería entender cómo funcionaban las cosas y descubrir culturas distintas. Esa curiosidad, sumada al respaldo de sus padres, se convirtió en la brújula invisible que lo orientó hasta llevarlo al puerto de un país lejano.

Tras su graduación como bachiller, en 2012, viajó a EE. UU. para estudiar inglés. A su regreso, inició su carrera de Ingeniería de Producción en Eafit, en Medellín. De 2016 a 2017, realizó su práctica profesional en una compañía de Texas, EE. UU. Trabajó en control de calidad y multiplicó tiempo y funciones para adquirir más experiencia y dominio.

El reto de Urabá

En 2018 ancló en su primer puerto: Urabá. Una oportunidad de trabajo como director de Logística en Banafrut lo condujo hasta “la puerta del desarrollo” de Antioquia. Simultáneamente, con responsabilidades del cargo, entre 2019 y 2021 cursó una Maestría en Administración en la Universidad de Medellín. Los fines de semana viajaba de Urabá a la capital antioqueña para asistir a sus clases.

Rumbo a Europa

En enero de 2023, llegó a Róterdam (Países Bajos) con la misión de coordinar la logística y calidad del banano colombiano en los mercados internacionales. Allí se ha convertido en experto del Cavendish, variedad que se cultiva Urabá. Con su forma alargada y ligeramente curva, su cáscara amarilla brillante al madurar y una pulpa blanca-cremosa de textura suave y sabor dulce, este “banano de exportación” consolida a Colombia como uno de los principales exportadores de América Latina.

Para Juan Felipe, el banano es algo más que una fruta. Es alimento, cultura, economía y símbolo nacional. Es energía para quienes lo comen, sustento para quienes lo cultivan, inspiración para quienes lo transforman y orgullo para quienes lo exportan. Su historia es ejemplo de esfuerzo y perseverancia. El banano es metáfora de los sueños que se alcanzan cuando se cuenta con apoyo: porque alcanzar metas no es un viaje solitario, sino una travesía en la que intervienen familia, esfuerzo personal y la educación.

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“Si pudiera dar un consejo a los jóvenes que todavía no encuentran su rumbo, les diría que no se angustien por no tener todas las respuestas desde el principio. Muchas veces el camino se va construyendo a medida que uno avanza. Yo nunca imaginé que terminaría viviendo en Europa y trabajando en la industria bananera. Muchas de las oportunidades más importantes de mi vida aparecieron en lugares que jamás había considerado.

Por eso siempre recomiendo mantener la curiosidad, estar dispuestos a aprender, aprovechar las oportunidades cuando aparecen y no tener miedo de salir de la zona de confort. A veces una decisión aparentemente pequeña puede cambiar por completo el rumbo de una vida”.

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