En los tiempos en que Medellín crecía solo en el centro, cuando el barrio Prado sobresalía como el de más alto perfil y la quebrada Santa Elena aún corría destapada por el centro, un barrio nació por fuera de los límites. Fue bautizado con el nombre de un expresidente, Carlos E. Restrepo, y su inauguración en 1971 rompió con todo aquello a lo que la ciudad -en ese entonces más pequeña- estaba acostumbrada: casas grandes y pocos vecinos.
El abogado Alejandro Montes Gómez, uno de los primeros habitantes y hoy integrante de la junta local, recuerda que en esa época -antes de los años 60- lo bonito de Medellín quedaba del río hacia el oriente.
El occidente era llamado “otrabanda” y era el sitio donde nadie quería vivir. “Esto era un humedal. Estaba...