Pico y Placa Medellín
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La oferta turística renace en una zona que hace varias décadas vivió azotada por la violencia.
A Orlando Soto lo sacaron borracho de su finca una noche del 2002. Horas antes, un grupo de paramilitares le había exigido a él y a otras 200 familias que abandonaran sus casas en la vereda El Retiro de Cocorná, con la amenaza de asesinar al que desobedeciera. Orlando no quería irse y ahogó sus penas en licor. La familia aprovechó para montarlo en una camioneta y llevarlo a Medellín.
El guayabo le duró 12 años. Lo llevó hasta Venezuela, donde estuvo trabajando en el comercio. La crisis del vecino país lo trajo de vuelta en 2012 y, luego de algunos años más buscando qué hacer, decidió tomar un carro de escalera. Ese día volvió a ver la casa de su familia, las montañas tranquilas y las aguas color esmeralda del río Melcocho, en el que pasó los momentos más felices de su vida.
“Yo volví y la casa estaba caída. Fui a la Alcaldía de Cocorná y me dijeron que como ya no había cultivos podía dedicarme al turismo. Con más vecinos y gente de otras veredas entré a un diplomado en ecoturismo y aquí estoy...